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¿SERA QUE POR LA TELEVISIÓN DICEN MENTIRAS ?



Miraba hoy distraídamente la televisión cuando un corto publicitario me llamo la atención.
No recuerdo el principio o no lo registre. El asunto es que un tipo estaba parado en la cornisa de un edificio de varios pisos. Desde abajo los bomberos le gritaban que saltara sin miedo, que ya habían colocado en posición el colchón inflable.
Al fulano se lo veía muy tranquilo, tenía en la mano una botella de agua saborizada de una marca, para mí, hasta entonces desconocida.   Aparentemente esta agua tenía la virtud de ser tan liviana que transmitía su misma liviandad al que la bebía.
Con toda calma, se toma un buen trago y se tira pero, para asombro de todos los espectadores, en cambio de caer queda como flotando.
Me pareció realmente hermoso, eso debería ser una sensación incomparable. Tal vez no fuera tan espectacular como la que se sentiría si se pudiera volar libremente como los pájaros, pero no obstante debía ser genial, pensé.
Como no soy de pensar mucho las cosas, me puse el saco y tome el ascensor. Vivo en un edificio de quince pisos, mi departamento da al frente, en el piso trece.   Ya en planta baja, me cruce con el portero y le comente brevemente lo que había visto. Para mi asombro, lo único que comento fue que si a alguien se le ocurriera hacer esa locura, el tendría mucho mas trabajo para limpiar la vereda. Bruto y vago, pensé, sería feliz si no tuviera nada para hacer.
Camine con paso rápido hasta el kiosco de la otra cuadra donde compre la tal agua saborizada. Por supuesto tome un trago para probarla, no era desagradable y mientras regresaba a casa me dio la sensación de sentirme más liviano. Mi paso era más ágil.
Con mi botella en mano tome el ascensor pero esta vez directamente al piso quince. Por la escalera llegue a la azotea. Sin perder tiempo tome un largo trago y salte,
Eran menti
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                       ¡¡¡   CHAF !!!

¡Que macana! Algo salio mal. Si no fuera que quede untado en la vereda la próxima vez probaría tomando más agua o saltando desde el primer piso. Y bué que se joda el portero.  
_____________________________________2013.

Detallada relación de cómo y porqué, me convertí en el hombre más rico del mundo

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Este cuento ya lo había publicado. Como me parecía muy largo para que alguien lo leyera de un tirón, lo había dividido en cuatro partes, resultado, no lo leyó nadie. A mi me gusta, por lo tanto lo vuelvo a publicar pero esta vez entero. Espero que alguien lo lea y me cuente que le pareció. No sean vagos.


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Nací en la provincia de San Juan.
Mi madre era oriunda de Nápoles y mi padre argentino, hijo de sicilianos.
No conocí a mis abuelos maternos y no tengo la menor idea de porqué mi madre, vino a parar a América.Conocí en cambio a mi abuelo paterno. Era bastante viejo, murió siendo yo muy chico. Había venido de joven a América, siguiendo a Garibaldi.Recuerdo que con mi padre hablaba una jerigonza, totalmente incomprensible tanto para mi madre, como para mí.
Vivíamos en una pequeña finca, cercana a Calingasta, éramos muy humildes. Yo era el menor de cinco hermanos.
Mi infancia fue de lo mejor. Si bien había épocas, en las que, las estrecheces económicas en que vivíamos, se hacían sentir, el entorno era tan hermoso que todo se hacía más llevadero. La cordillera al alcance de la mano, el río, las chacras, los campos cercanos, todo era para nosotros una aventura constante.
Estaba en quinto o sexto grado, cuando apareció de visita en mi casa, un señor que me cayó muy bien.No supe cuál era el motivo de su visita, ni de dónde conocía a mi padre, pero era evidente que su relación amistosa, venía desde hacía ya bastante tiempo.Era geólogo y estaba haciendo estudios en el yacimiento de cobre de El Panchón, en plena cordillera.
Por lo visto, yo también le caí bien. Decía tener un hijo de mi edad al que hacía tiempo no veía, vivía en Buenos Aires, junto a su madre.
Varias veces me invitó a recorrer los cerros cercanos o a visitar el yacimiento.Si bien yo era medio chico y había cosas que no comprendía, las explicaciones que me daba y la forma de hacerme ver las cosas de la naturaleza, cambiaron mi vida. Pronto supe reconocer una cantidad de piedras y minerales.
Desde un principio tuve la certeza, que todos los conocimientos que adquirí en esa etapa de mi vida, me serian de utilidad en algún momento.Lamentablemente, terminada la escuela primaria no pude seguir estudiando y entré a trabajar en un taller mecánico. Oficiaba como ayudante, aprendiz, peón, cadete ceba mate y que sé yo que más.Pese a todo, leía cuanto libro caía en mis manos.Pasaron los años y me fui a Buenos Aires a tentar fortuna.Me consideraba un buen mecánico, capaz de dar vuelta de arriba abajo tanto a un auto como a un camión o a un tractor.
Me alojé en la casa de unos parientes lejanos, que tenían allí una especie de pensión y alquilaban habitaciones.Por suerte, por recomendación de un amigo de la familia, conseguí trabajo en los talleres de una concesionaria de autos importados.Al poco tiempo tenía novia. Todo iba viento en popa.En esa época, pese a mi escasa edad, estaba apurado por casarme y formar una familia.Sin embargo, mi novia, no tenía el mismo apuro. Decía que todavía era muy joven y quería gozar de su libertad un tiempo más.Las cosas empezaron a andar mal entre nosotros y poco tiempo después me colgó la galleta. Según dijo, yo era un plomo.
Este asunto me dejó hecho bolsa pero, otra vez se cumplió el refrán popular. A la semana siguiente me gané el Prode.El pozo era muy interesante. Me permitiría abrir mi propio taller.
No obstante, en cambio de hacerlo, pedí un mes de licencia y me dediqué a pasear.Muchas veces había soñado con conocer la tierra de mis ancestros.Por supuesto que lo tenía como a un sueño imposible. Ahora, de golpe, dejaba de serlo y no quería desperdiciar la oportunidad.Además, hacer un viaje me vendría bien, ya que me permitiría tomar distancia de mi desilusión amorosa.
Por supuesto, ella había pretendido ante mi inesperada fortuna, recomponer nuestra relación. Le dije, con todo respeto, que se fuera a lavar las partes.

Por fin, una vez cobrado el premio y terminados trámites y papelerío, me embarqué rumbo a Italia.Aproveché a pasar dos días conociendo Roma, antes de seguir viaje a Nápoles.
La ciudad, bastante grande, todo muy lindo pero, los lugares realmente interesantes, los más viejos, se veían medio abandonados y ruinosos.
Nápoles en cambio me encantó. Pese al olor a meo de algunas esquinas, es una ciudad muy pintoresca y la gente bastante macanuda.Lo primero que hice al llegar, fue buscar a unos parientes de mi madre que aun vivían allí.
Cuando conseguí ubicarlos, fui alegremente a visitarlos.Me sorprendió la frialdad con que me recibieron. Contrariamente al resto de los napolitanos que suelen ser extrovertidos, estos, eran secos, antipáticos y duros. En realidad, analizando sus escasas palabras, pude sacar en limpio, que lo que temían, era que ese americano caído de las nubes, viniera a reclamar alguna herencia.Cuando lo comprendí, les aclaré que la herencia se la podían meter en el culo y que se fueran a la mierda. Pese a que se los dije en castellano, por la cara que pusieron, creo que lo entendieron.
Seguí con mi viaje, esta vez a Sicilia.Sabía que en Caltanisseta, vivían los parientes de mi abuelo pero, después de la experiencia con los napolitanos, preferí no conocerlos. No hubiera sido divertido encontrarme con una banda de mafiosos enojados.
La isla, pese a la mala prensa, es una maravilla, la recorrí de punta a punta y me gustó bastante.Hice una excursión por las islitas cercanas y esto sí, me gustó tanto, que resolví recorrer integro el Tirreno.Ischia, es tan linda, que me hubiera quedado a vivir allí. Lamentablemente, está llena de yanquis estúpidos, alemanes prepotentes y japoneses fotógrafos.
Preparan un limoncelo excelente, sin embargo, me gustaba más el que prepara una hermosa morocha de Hurlingam.
Cuando iba a conocer Cerdeña, al pequeño barco en que viajaba se le planto el motor y quedamos a la deriva. Estábamos muy cerca de un pequeño islote. El capitán nos explicó que no debíamos temer, que era un problema fácilmente solucionable.

Bajaron una de las lanchas salvavidas, y con ella remolcaron la nave hasta ponerla al socaire de la isla y allí fondearon. Mientras trabajaban en el motor, nos contaron que la isla se llamaba San Pietro al Mare pero, se la conocía como Pietra al Mare. En realidad no era mucho más que eso, una piedra que sobresalía, apenas unos quince metros y aparentemente no alcanzaba a tener una superficie de más de una hectárea. Era totalmente árida, no se veía nada que no fueran piedras. Tenía un monótono color gris.Sin embargo, del lado donde estábamos anclados, se veía una pequeña, pero bella playita. Como el día estaba realmente hermoso y nos aburríamos, algunos de los pasajeros, pedimos que con la lancha, que aún estaba en el agua, nos llevaran a la misma. Accedieron rápidamente, con tal de tenernos entretenidos y evitar así más protestas.Mientras la mayoría, nadaban o tomaban sol en la playa, me dediqué a recorrer el promontorio.
Era notorio que era de origen volcánico, en gran parte estaba cubierto por un manto cárstico. Encontré dos tipos de basaltos y diferentes rocas ígneas. El agua y el viento lo habían desgastado bastante y lo surcaban profundas canaletas. Al fondo de una de esas canaletas, me llamo la atención una piedra distinta al resto. Pese al trabajo del tiempo, de la erosión, de la atrición y de todas esas cosas juntas, se notaba su origen sedimentario, algún tipo de mármol seguramente. Debía tener más o menos un metro por ochenta centímetros y un espesor de alrededor de quince centímetros.
Se hacía evidente, para el ojo avizor, que esa piedra, no había nacido allí.Daba la impresión de ser una puerta.No pude ver más, ya se oía la bocina del barco, llamando a embarcarse.Una vez a bordo, no comenté con nadie el asunto, primero por que no creía, que a alguien, en el barco, le importaran las piedras y segundo por recordar aquel axioma, aprendido en la colimba, que dice “No avivés giles porque sí”.
Me quedé en Cerdeña. Algo me decía que debía investigar el asunto de la piedra.
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Dos días después, contraté a un pescador para que me llevara, en su barqueta, hasta Pietra al Mare.

La excusa fue que quería estudiar a unas raras gaviotas que había visto en la isla. El pescador me miró con asombro y juró, que las gaviotas de allí, no tenían nada de raro. Ante mi insistencia, se encogió de hombros, diciendo que si yo tenía ganas de gastar mis liras de esa forma, a él no le molestaba. Arreglamos que saldríamos al amanecer para llegar bien temprano y que pasaría a buscarme a la caída del sol, para emprender el regreso. Él aprovecharía esas horas para pescar.
Partimos, de acuerdo a lo convenido, aún de noche. Iba provisto, además de comida y agua, de una buena barreta, una soga, una linterna, una lupa y algunas herramientas más. No sabía muy bien para qué todo eso, pero tampoco sabía, con qué podía encontrarme, si es que algo encontraba. Por las dudas, pensé.
Una vez desembarcado, y habiendo visto alejarse al barquito que me había traído, efectué una recorrida sistemática de todo el terreno.Primero, quería constatar la no existencia de otras notas discordantes y segundo, comprobar que ninguna persona pudiera estar observándome. Efectivamente, no encontré la menor piedra, aparte de la vista anteriormente, que me llamara la atención por no pertenecer al lugar.En cuanto a la presencia de gente, seguramente salvo, los que por pura casualidad, habíamos desembarcado días atrás, en años, nadie habría pisado el poco atractivo islote.

Por fin, me dediqué a estudiar detenidamente, el trozo de roca, que tanto me había preocupado. Sin lugar a dudas, era un mármol. Probablemente, un travertino oscuro. Se notaban aún las marcas efectuadas, para mimetizarlo con el lugar. Observando detenidamente se podían apreciar restos de algún tipo de argamasa, con el que había sido fijado.
Convencido de estar frente a una especie de puerta, me planté delante de ella y con voz firme dije las palabras mágicas “Ábrete sésamo”.
Por supuesto, no pasó nada. Después de todo, no creo que el jefe de los ladrones, las dijera en castellano. Vaya uno a saber en que idioma hablarían, para hacerse entender por las piedras.
Con mucho cuidado fui quitando este pegamento. Parecía yeso o cal con arena, teñidos de color grisáceo. Suavemente y tratando de no dejar marcas, hice palanca con la barreta. Al tercer o cuarto intento, se soltó.
Me costó bastante sostenerla, porque era más pesada de lo previsto.
Apareció ante mi vista la estrecha entrada de una cueva.La emoción me embargaba. Me sentía inmerso en la historia de algún libro de aventuras, de esos que leía en mi primera juventud. Se notaba a simple vista, que se trataba de un túnel que bajaba en suave pendiente.
Después de un rato de indecisión, me armé de valor, y, en cuatro patas entré. A medida que avanzaba, pude comprobar con alivio, que se ensanchaba. Llegó un momento en que podía estar parado. Se notaban, en partes, las marcas del cincel con que se habían quitado trozos que, seguramente, obstaculizaban el paso. Cada tanto, una tenue claridad, iluminaba el pasadizo. Provenía de pequeñas grietas u orificios que, desde la altura, dejaban pasar la luz del sol. No pude saber si eran naturales o habían sido efectuados intencionalmente.
Calculo haber andado unos cien metros, cuando me encontré, con que el socavón, descendía abruptamente. Luego de una minuciosa búsqueda, descubrí unos escalones tallados en la roca, que facilitaban el descenso. Pienso que a esta altura, debía estar bajo el nivel del mar. Habiendo bajado unos cuatro o cinco metros, comprobé, que se abrían, tres brazos, en diferentes direcciones. Dudaba cual elegir para continuar explorando cuando, en uno de ellos, el de la izquierda, me sorprendió una inscripción burdamente marcada en la entrada. Me llevó bastante tiempo poder descifrarla. Decía “SPADA”.
Con la esperanza de que fuera la indicación de la ruta correcta, entre en él decididamente. Debía caminar lentamente y poniendo mucha atención.Acá la oscuridad era total y corría el riesgo de caer en un pozo, o de golpearme la cabeza. La luz de la linterna que había llevado era demasiado puntual y no me daba una visión total. Noté, con desagrado, que el pasillo por el que avanzaba se estrechaba cada vez más y el techo bajaba en forma pronunciada. Pronto me vi. en cuatro patas nuevamente. Ya pensaba seriamente en pegar la vuelta, cuando vi que a cada lado, se abrían sendos túneles. El que estaba utilizando, pocos metros más adelante, terminaba abruptamente.
A la luz de la linterna se notaba, que tanto el de la izquierda, como el de la derecha, se ensanchaban y que nuevamente podría avanzar parado.Tomé entonces, al azar, el de la izquierda. Cuando había recorrido unos veinte pasos, desemboque en una caverna bastante amplia. Si bien su forma era irregular, calculé que tendría alrededor de veinte a veinticinco metros de diámetro.
Con asombro, descubrí, en todo su entorno, una gran cantidad de cajones. Eran todos iguales y estaban perfectamente estibados. Aunque un poco borroso, se notaba que estaban todos numerados. Estaban confeccionados en madera dura y perfectamente clavados. Medían tres cuartas por cuatro y otras cuatro de alto, o sea, más o menos, sesenta centímetros por ochenta y otros ochenta de alto. Llegué a contar ciento cincuenta y seis. Eran sumamente pesados.En un rincón, alcance a ver una cierta cantidad de clavos, del tipo patente, con los que habían sido clavados.
Antes de tocar nada, resolví averiguar si el paso, que había visto se abría a la derecha, me deparaba alguna nueva sorpresa. El tramo a recorrer, era un poco más largo que el anterior, terminaba en una caverna de menor tamaño que la ya visitada, que a su vez, se comunicaba con otra mayor.En la primera, pude observar una veintena de cajones similares a los anteriores. En la segunda, en cambio, se veían unos diez o doce arcones y quince cajones de menor tamaño que los anteriores. Además, acá se apilaban bolsas confeccionadas, aparentemente, con lonas para velas.Todo esto, estrictamente ordenado, igual que en el otro lado.
Debo aclarar que en ningún momento, encontré esqueletos, espadas o cualquier otro objeto, de los que aparecen en los cuentos, asociados a este tipo de encuentros. Por el contrario, acá todo tenía un aspecto bastante burocrático. Parecía más la obra de un eficiente administrador, que la de piratas malos y borrachos. En el mismo momento en que pensaba esto, me di cuenta, que lo que había encontrado, era nada menos que el tesoro de Spada. El siguiente pensamiento fue ¿y qué cornos es el tesoro de Spada?¿De dónde saqué eso?
Las horas pasaban y no estaba la cosa para perder el tiempo cuestionándome nada. Abrí al azar, un par de cajones con la barreta. Casi me caigo de culo. Estaban totalmente llenos de monedas de oro. Sospechando que el contenido de los otros fuera el mismo, abrí un par de los cajones más chicos. Uno, contenía paquetes de oro en polvo, el otro estaba completo de piedras preciosas, hermosamente talladas. Una de las bolsas resultó estar completa de piedras preciosas en bruto. Los dos arcones que investigué, tenían toda clase de objetos de oro y joyas de rara belleza.No tenía más tiempo para quedarme admirando nada, ni para calcular el monto de mi inesperada riqueza. Vacié el contenido de un morral en el que llevaba algunas cosas que había considerado útiles, y lo llene de monedas. Creo que hasta en los calzoncillos cargue piedras preciosas, tratando que la mayoría fueran brillantes.Recorrí el camino de regreso, en contados minutos. Una vez afuera vacié la mochila, que allí había dejado. En ese momento me di cuenta que estaba muerto de hambre y de sed. Tome un trago de agua y a la carrera, volví a entrar para llenar la mochila con unos paquetes de oro en polvo, y completé la carga con monedas. Una vez afuera nuevamente, oculté bajo unas piedras, todo lo que había traído en mi mochila, menos el agua, la comida y una escopeta de bajo calibre. que también formaba parte de mi equipaje. Con ella tuve la suerte de poder cazar una gaviota, a la que até, bien visible, sobre la tapa de mi mochila. Acomodé el mármol, lo mejor que pude, tapando la entrada.

Ahora sí, me pude sentar a descansar un rato y a comer algo.Había sido tan fuerte todo lo pasado ese día, que apenas pude probar bocado. Pese a todo, me doy cuenta, que todavía no entendía la magnitud de lo ocurrido, ni era conciente del cambio total que esto produciría en mi vida.
A la media hora llegó el pescador.
Le llamó la atención, que cargara con el pajarraco, que para comer, no servía. Le expliqué, en la forma mas complicada que pude y mezclando palabras pseudo científicas en castellano, que estaba realizando un estudio de la glándula que segregaba la sustancia grasa que impermeabilizaba las plumas del bicho y que esto le servía para no hundirse, al estar posada sobre el agua. Hasta le mostré el lugar donde se ubicaba, sobre el rabo. Le conté además, que cada vez más, al menos en el hemisferio norte, se notaba que las aves marinas, sufrían mayores problemas de este tipo, debido a la contaminación aparentemente, de las aguas por el petróleo. Por una vez el Discovery, me había servido para algo. Esto no hizo más que reafirmar su convencimiento de que yo, estaba totalmente loco. No cambiamos palabra en el resto del viaje.
Al llegar a puerto, le pagué y me fui al modesto hotel donde me había alojado. Caminaba lentamente, tratando que no se notara, que venía cargado como mula. Al día siguiente, me dediqué a buscar un nuevo alojamiento. Conseguí una pequeña casita, en las afueras de Cagliari. Estaba en bastante mal estado de conservación, pero, dado a que la construcción era de piedra y la puerta y la ventana, se veían fuertes y cerraban bien, consideré que era suficientemente segura. Hice un pozo bajo las lajas del piso, para ocultar una caja, que contenía parte de las monedas y piedras, acomodándolas nuevamente, de forma que no se notara, que habían sido removidas. Para terminar de acomodarme, tuve que comprar, un colchón, mantas, sábanas, y enseres de cocina. Estas cosas, aparte de serme útiles, bastaban para justificar los candados y cerraduras, que coloqué en la puerta y ventana.Al día siguiente, viajé a Palermo, para realizar las compras de las cosas que, para no llamar la atención, no quería comprar en el pueblo.Ya en Sicilia, hice las compras en diferentes negocios, tratando de pasar lo más desapercibido posible, Para no tener problemas de movilidad alquilé un auto. Cuando conseguí todo lo que buscaba, como todavía tenia bastantes kilómetros libres, me decidí y me hice una escapada a Caltanisetta a conocer a mis parientes. Nada perdía y me podían ser de utilidad. Mis tarjetas de crédito, estaban al rojo vivo.

Cuando llegué a la pequeña ciudad, me dio la impresión, que todos me miraban, como si me conocieran. Es más, parecía que se extrañaban, por que no los saludaba. Por las dudas comencé a saludar a diestra y siniestra y noté que me respondían afectuosamente.
Ya en la casa, a diferencia de los napolitanos, no bien dije mi apellido, fui recibido con muestras de cariño y con verdadera alegría. Estaba toda la familia reunida, y cuando apareció un primo a saludarme, quedó develado el misterio. Aunque un poco mayor y más bajo, era casi un calco de mi facha. Se me hizo evidente además, que todos los allí presentes, teníamos un indudable aire de familia. Mi primo, era hijo de un medio hermano de mi padre, aunque de diferente madre. Se llamaba Pascuale, por suerte hablaba un correcto italiano y entendía bastante bien el castellano. Desde el mismo momento que nos vimos, sentimos un mutuo afecto de verdaderos hermanos.
Pronto me explicaron que la llegada de un nuevo pariente, los había sorprendido gratamente, ya que se encontraban en pleno cónclave familiar. Muchos de los allí presentes vivían en otros puntos de la isla.La reunión se debía, a la urgencia que tenían, en juntar dinero.
La madre de Pascuale, había sufrido un serio accidente y estaba en delicado estado, tenían que trasladarla urgentemente a Roma para ser operada. La discusión giraba entre vender parte del olivar familiar o, solicitarle a un tal Don Miquele, un préstamo. La venta, podría llevar un tiempo, del que no disponían y la segunda opción, significaría caer en manos de un inescrupuloso prestamista, que para peor, era un capo mafia, perteneciente a una familia, de largo tiempo enfrentada a la nuestra. Ante esta situación, hice lo que me pareció más correcto, y más conveniente, para ellos y para mis intereses. Aclarando, que no era mi intención inmiscuirme en sus asuntos y mucho menos en sus negocios, como me consideraba parte de esa familia, ofrecía mi ayuda desinteresada. Podían contar con el dinero necesario, en el momento que lo necesitaran.
Esto produjo, pasado el primer momento de asombro, una explosión de alegría y de efusivo agradecimiento, digno de una comedietta italiana.
En un aparte con Pascuale, le expliqué que mi único problema, era que contaba solamente con monedas de oro, y que no conociendo a nadie, no sabía a quien recurrir para cambiarlas discretamente. Comprendió rápidamente que no debía hacer muchas preguntas y me dijo que no me preocupara, que el tío Chicho, era el indicado para hacer las conexiones debidas. Enseguida de almorzar, partimos para Catania, lugar donde vivía el tío Chicho. Bastaron dos o tres llamados de teléfono, para ponernos en movimiento. Recorrimos algunos lugares de la ciudad y continuamos más tarde, la recorrida en Palermo. Un poco en cada lado, conseguí vender todo lo que había llevado. En realidad, con la venta de algunos diamantes y brillantes, quedaron cubiertas las necesidades de la familia. Con el resto podría poner al día las tarjetas de crédito y aún me quedarían unos cuantos euros, como para moverme con tranquilidad.
En el momento de partir con Pascual para Caltanisetta, me llamó la atención la despedida del Zio. Con toda solemnidad me besó la mano. Me dijo que contaba con él, incondicionalmente, para lo que yo mandara. En el camino se lo comenté a mi primo. Me contó entonces, que quince días antes, había fallecido Don Calógero, que era el Capo de la familia. Por eso había encontrado a los más representativos reunidos. Ya no tenían quien resolviera por el resto, cuando se presentaba un problema. El beso en la mano era la demostración de respeto y significaba que me reconocía como el nuevo capo. Esta explicación me dejó tan alelado, que casi choco contra un camión. Le dije que se dejara de macanas, que yo no era capo de nada, que para lo único que era capo era para arreglar autos. Muerto de risa, me dijo directamente que me jodiera, no había forma de que la familia no me considerara el nuevo jefe. Primero que mi actitud solidaria, los había desconcertado, seguramente más de uno de los allí presentes, tenía la cantidad de dinero requerida, escondida debajo del colchón. Por avaros, ninguno quiso ser el primero en ofrecerlo, y ahora se sentían bastante avergonzados. Por otra parte el día del velorio del Don, la vieja más vieja de la familia, que era considerada bruja y adivina por el resto, había vaticinado que el nuevo capo vendría de afuera. Este nuevo argumento, me dejó totalmente descolocado, ya no supe que responder. Seguimos en silencio un buen rato. Como quien no quiere la cosa, le pregunté, si para él tenia algún significado “el tesoro de Spada”. Me miró primero con cierto asombro, para después sonriendo, decirme, que por supuesto. Se trataba de una leyenda que se repetía de generación en generación, desde tiempos inmemoriales. El no recordaba bien como era el asunto aquel, aparentemente un tal Spada, había ocultado en alguna de las islas, una fortuna fabulosa. De todas formas, dijo riendo, no debía preocuparme, porque ya, el Conde de Montecristo, lo había encontrado.Ahora comprendía, de donde me sonaba. Recordaba que de niño, había sacado de la biblioteca de la escuela, el novelón de Dumas, en una versión abreviada y hasta me acordaba que era de editorial Tor. De la novela en sí, recordaba bien poco. Apenas, que a un pobre tipo, lo metían preso sin razón, le piantaban la novia y se chupaba un montón de años adentro. Creo que se llamaba Edmundo Dantes. De los malos uno se llamaba Danglars. Además había un viejo medio loco, que también estaba preso, que cuando se muere le da el plano del tesoro. El asunto es que cuando consigue escaparse, encuentra el tesoro, se cambia el nombre y se dedica a hacer mierda a todos los que lo jodieron.
Me pareció, que después de lo que me había contado, se le borraba la sonrisa y se quedaba mirándome, con una rara expresión en sus ojos. Pensé que podría estar atando cabos. Por suerte estábamos llegando a la casa.Allí una nueva sorpresa me esperaba, pese a lo tarde que era, me aguardaban, una innumerable concurrencia. Todos querían conocerme y presentarme sus respetos. Sumamente confundido, al principio, pronto me di cuenta, que por sorprendente que pareciera, esto, era lo mejor que podría haberme ocurrido. Era un negocio redondo para las dos partes. A mí me significaba un medio de poder justificar mis nuevos ingresos. Para ellos era una forma de sacarse un montón de problemas de encima. Me transferían sus responsabilidades sobre el cuidado de la familia y tenía la ventaja, que siendo yo de afuera, no pertenecía a ningún bando.En una amplia sala escritorio, me hicieron sentar en un imponente y cómodo sillón. Supuse que era el sitial del viejo Don.Formaron una larga fila, para presentarse y besar mi mano.Ya era Don Carlo.

Comenzó entonces una tediosa ceremonia, donde de a uno se presentaban, besaban mi mano, presentaban a su mujer y a sus hijos, los que los tenían, que a su vez repetían todo lo mismo. Algunos me decían algo o me contaban sus cuitas, en la misma extraña jerigonza que hablaba mi abuelo. Pascuale me traducía lo más importante y me daba cuenta, que a la mayoría, les decía que ese no era el momento y que no faltaría la oportunidad de hablar con tranquilidad.
Cuando hacía grandes esfuerzos para no quedarme dormido, uno me presentó a su hija. Por las sonrisas que noté a mi alrededor, mi cara de boludo debe haber sido notoria. Estaba ante la cosa más hermosa que había visto en mi vida. Esta niña, de unos veinte años. Reunía en si, todo lo bello que podía brindar el Mediterráneo. Lo griego, moro, español, judío y algo más, se juntaba en ella. El pelo renegrido y ensortijado, su blanca y tersa piel, de un ligero tinte oliváceo, su boca carnosa, un cuerpo perfecto, pero, para los cánones actuales de belleza, con un par de kilos de más. Pero, por sobre todo sus ojos, de un color intensamente verdes, de lánguida expresión gatuna, que por momentos parecían echar chispas, formaban una mezcla altamente explosiva. Se llamaba Juliana.
Cuando besó mi mano, sentí que se me quemaba y caía al suelo convertida en un montoncito de cenizas. Un monstruo furioso pretendía salir rompiendo mis pantalones. Me costó no empezar a dar gritos sacando afuera a todo el mundo, para poder quedarme a solas con esa increíble, medio parienta. Por fin me recompuse, ayudaron bastante, las caras de satisfacción de los padres. Se hacía notorio, que en ese momento estaban pensando, que por fin, se sacaban de encima a la nena. Mi interés por casarme rápidamente, había cambiado radicalmente .
Cuando terminó esta cosa del besamanos, pedí una inmediata reunión, con los más importantes representantes del clan. Al resto les pedí que dejáramos los agasajos y fiestas para más adelante. Todavía estábamos de duelo por Don Calogero y además estaba el asunto del accidente de mi tía, luego de su recuperación tendríamos tiempo para esas cosas.
Con los notables, quería dejar todo bien claro desde el principio para evitar problemas posteriores. Mientras se despedían los que no participarían de la reunión, me crucé con Juliana. Llamándola aparte, le regalé una lindísima esmeralda que me había quedado, le expliqué que era en honor a su belleza y al color de sus ojos. Dejó el charquito. Me costó bastante que en el momento, no se agachara y abriera mi bragueta. Emocionada hasta las lagrimas me agradeció, en el extraño idioma, con una voz espantosa. Mi primo que pasaba al lado, me dijo al oído “ojo, en este caso, no todo lo que brilla es oro”.Bien, de todas formas era hermosa.
Poco tiempo después, me demostraría en la cama que además, era una verdadera profesional y que no por que sí, se pintaba los labios bien rojos, como las antiguas fenicias.
Ya reunidos, dejé bien en claro, que antes de aceptar el ofrecimiento, quería exponer mis condiciones. Les advertía primero que nada, que no pretendía obtener ganancias de ningún tipo, por el contrario, había pensado invertir el suficiente dinero como para pasar a ser, una de las más importantes, sino la más importante, familia de la isla.Les expliqué que mi dinero, provenía de un galeón español, que habíamos descubierto, con unos amigos, hundido en el Río de La plata. Si este hallazgo lo declarábamos, debíamos entregar una gran parte al gobierno, cosa a la que no estábamos dispuestos. Por lo tanto, yo debía figurar como presidente de las empresas familiares, cobrando sueldos muy importantes, como para justificar mis nuevos ingresos. Dichos sueldos, en la realidad se repartirían, proporcionalmente, entre los allí presentes. Este pequeño discurso, los entusiasmó tanto que me juraron amor eterno, fidelidad y obediencia debida. Mi segunda condición era que todos los negocios, de ahora en más, debían ser absolutamente legales. No quería, que por ninguna causa se estropearan mis planes. Por de pronto les dije, me había enterado, que uno de ellos tenía un taller, donde se disfrazaban autos robados. Ese taller debía cerrar inmediatamente. Comprendía que no podía dejar a las personas involucradas en la calle y por lo tanto lo reabriríamos como taller mecánico o concesionaria de autos. Lo que más conviniera. Entendieron, que uno que cayera por actividades ilegales, podría involucrarnos a todos y eso no le convenía a nadie. Les rogaba que solucionaran lo más rápido posible cualquier otro caso, del que yo no me hubiera enterado. Por último, mi deseo era que Pascuale, fuera mi mano derecha y que en todo se lo respetara y se le obedeciera como a mí mismo. Por supuesto, estuvieron en un todo de acuerdo y mientras ellos se felicitaban entre sí por haberme elegido, yo les agradecía efusivamente el honor que me había hecho eligiéndome.
Durante toda la charla, hice todo lo posible, para que no se me hincharan los carrillos, y tratando que mi voz, se oyera clara y comprensible. Me parecía increíble, haber pasado, en tan poco tiempo, de ser un rata, a tener tanta guita, con el poder que esto conlleva. Mi primo, que no era tonto, me agradeció pero dejando claro, que le había hecho una jugada, que hacía que él también se jodiera con la responsabilidad que le caía encima. Les pedí a todos, que en la semana, me pasaran un detallado informe, de todos los campos en que nos movíamos, agregando en cada caso las ideas que tuvieran para agrandar el negocio. Por fin me pude recostar un rato. Amanecía y debía viajar a Cerdeña temprano.
A primer hora de la mañana, partía hacia Roma la madre de Pascuale, acompañada por otras dos mujeres, en un avión sanitario. Antes de irme, dejé instrucciones para que gestionaran la partida de nacimiento del abuelo y de mi madre en Nápoles, para iniciar, cuanto antes, los trámites de mi nacionalidad italiana. Por otro lado, pedí que me consiguieran una buena casa, cercana al mar, para alojarme durante mis estadías en la isla. Tenía especial interés en que fuera en la zona de Trapani, al norte de la isla y cercana al mar. No gustó mucho el que no quisiera alojarme en la residencia familiar de Calsanisetta. Tuve que explicar, que si bien esta casa estaba ubicada en el centro geográfico de la isla, nuestros intereses comerciales, se hallaban distribuidos a lo largo de toda el territorio y que por lo menos durante los primeros tiempos, debería moverme de un lado al otro. Contaba desde ya, conque me reservaran un dormitorio. En Catania me alojaría en casa del Tío Chicho. Pero que quería contar con un lugar, donde poder estar más aislado, de vez en cuando. Creo que lo entendieron.

Por otra parte le pedí a Chicho, que ubicara a algún ganador de la lotería o el Totocalcio, por supuesto de un pozo importante y le comprara el billete premiado antes de que lo cobrara. Esto serviría luego como importante justificativo de mis gastos. A Cerdeña, me acompañó Pascuale, que ya se había convertido en mi sombra. Cada vez nos entendíamos mejor. Sentía un verdadero afecto por él.
Dado el hecho, que la distancia a mi islote, era mucho menor desde Cerdeña, que desde Sicilia, quería conservar la casita de Cagliari. Al menos por un tiempo serviría de discreto depósito.Como mi ahora secretario, tiempo atrás, había trabajado en un barco pesquero y estaba capacitado para pilotear uno, decidí que era hora de tener uno propio. Quedó bastante sorprendido por mi decisión, pero le dije que quería iniciar el negocio de la pesca y que tenía otras razones de las cuales se enteraría mas adelante. Nos dedicamos entonces a recorrer el puerto en busca de algo que sirviera a mis propósitos.

Dejamos señado, un hermoso barquito de unos doce metros de eslora, provisto de un poderoso motor. Era ideal y se veía muy marinero, al menos al futuro capitán, timonel, marinero y grumete, le gustó mucho y quedó muy entusiasmado de poder navegar nuevamente. Le aclaré que mi idea, no era confinarlo a un barco pesquero, que él estaría a cargo del mismo, solo cuando tuviera que acompañarme en mis asuntos privados, para el resto ya contrataríamos tripulación. Dada la inexperiencia, nos llevó, casi dos días, fundir el polvo de oro que había dejado guardado. En Sicilia había comprado un soplete que trabajaba con una garrafa común y un pequeño tubo de oxígeno, mas un par de crisoles. Con arcilla, hicimos moldecitos, y lo convertimos todo, en pequeñas barritas. Terminado este trabajo, dejamos encajonadas las herramientas, para evitar miradas curiosas. Retiramos las monedas y las piedras que quedaban y las empacamos. Esto quería guardarlo en la caja de seguridad de algún banco de Palermo.

De regreso en la sede de mi estado mayor conjunto, debí pasar dos semanas de recorrida, conociendo y solucionando pequeños problemas familiares, así como recogiendo los informes que había solicitado. Recibí, además de informes, quejas y lastimeros pedidos de ayuda, las más increíbles ofertas. Daba pena y bronca, ver como algunos, con tal de acomodarse, me entregaban a sus hijas y hasta a sus esposas. Por suerte pude zafar de todas estas transas, gracias a que, en la mayoría de los casos, el objeto a transar, no valía la pena de ser transado. Pretendía crearme una imagen de hombre serio, recto y bastante honesto.
En el ínterin, mi primo viajó a Roma a visitar a su madre. Al regreso traía buenas noticias. Las operaciones habían sido un éxito, debía pasar un tiempo hasta su recuperación total, pero mejoraba rápidamente. Esta noticia trajo alivio y alegría a todos, era una mujer muy apreciada y tenida en cuenta, por del clan. No olvidemos que ahora, el hecho de ser su hijo el segundo al mando, la había colocado en una posición social, aún más alta, que la que tenía anteriormente. Aproveché también, a visitar la casa que me habían conseguido en Trapani.
Era realmente estupenda. Pegada al mar, tenía al frente una pequeña bahía, ideal como para fondear una nave. Dejé las instrucciones para que se realizaran algunas pequeñas reformas y tareas de mantenimiento.
A esta altura, el eficiente tío Chicho, ya había encontrado al ganador de un muy importante pozo. Lo consiguió convencer de vendernos el billete, con tres importantes razones. La primera era, que al no figurar su nombre como ganador, evitaría los posibles robos y los mangazos. La segunda, nosotros le pagaríamos, con una quita de sólo el quince por ciento, en vez del treinta que le haría el gobierno. De la tercera preferí no enterarme.
Mientras cobraba el premio, conseguimos que algunos diarios, me sacaran fotos y que la cosa quedara así registrada. Giré a Cerdeña, el dinero faltante en la compra del barco y les solicité que tuvieran los papeles listos para firmarlos, en veinte a treinta días. Pretendía comenzar a utilizarlo, en ese tiempo.
Con todo, más o menos encaminado, resolví hacer un rápido viaje a la Argentina para ver a mis padres y dejar unas cuantas cosas arregladas. Lo invité, a Pascuale, a acompañarme, quería que mi viejo conociera a su sobrino.

De paso por Buenos Aires, mientras hacía conocer un poco la ciudad a mi primo, me despedí de mis compañeros de trabajo, renuncié al mismo y tuve una larga charla con mis ex patrones. Se me había ocurrido, la posibilidad de hacer, algunos negocios juntos. Pensé, por ejemplo, que podría proveerles de autos usados, con no más de tres años de antigüedad, reacondicionados a nuevo, en nuestro taller de Sicilia. Quedamos en charlar un poco más adelante, de este y otros temas. Para mí, lo más interesante, fue que con la charla, me avivé, de un montón de cosas que no se me habían ocurrido antes, o que ignoraba. De a poco me convertía en un perfecto hombre de empresa.
En Calingasta, nos esperaba una recepción impensada. Éramos algo así como una especie de héroes nacionales. Además de mis familiares, estaban todos los vecinos, amigos, curiosos y sobre todo detecté a mangueros de todo tipo. Mis padres y hermanos, recibieron a Pascual, como a un hijo más. La alegría era general, mis hermanos hacía tiempo que no se reunían. El mayor, Pedro, era abogado, tenía su estudio en la ciudad de San Juan. La que lo seguía en edad, mi hermana Clara, había enviudado y vivía, con sus dos hijos en la finca paterna. La otra, Ofelia, casada, con cinco hijos, tenía con su marido, una chacra en San Rafael. Por último, Enrique, se había hecho cargo de la finca y además, trabajaba en la Cooperativa. Al día siguiente, y ya en estricta reunión familiar, les expliqué mis intenciones de radicarme en Italia. Conté, que nuestros parientes en Sicilia, me habían ofrecido un puesto, en una de sus tantas empresas. El sueldo en Euros, me permitiría, no sólo ahorrar, sino que podría hacer algunas inversiones en nuestra finca y a la vez, trabajar, en conjunto con ellos, tanto en viñedos, como en olivares, en Argentina.
A Pedro, le pedí que fuera viendo, qué debíamos hacer, para convertirnos en una sociedad anónima. A todos les recomendé una total discreción, sobre estos temas, pero que a la vez, fueran estudiando todas las posibles formas de expansión. Pocos días después y con gran pena, tuvimos que emprender el regreso. Pascual, era el que más sufría. Se había enganchado, seriamente, con una niña del lugar y prometió volver a verla a la brevedad más breve.
A mis viejos y hermanos, les dejé de regalo, las últimas monedas y piedras, que me quedaban y pese a que no eran muchas, provocaron el general asombro.
.-¿En qué andá vo nene? Preguntó mi madre. La tranquilizamos, lo mejor que pudimos y entre abrazos, besos y lágrimas, nos despedimos.

Ya en Roma, me dediqué a comprar unos cuantos objetos que me serían necesarios. Cargando cantidad de paquetes y cajas, partimos directamente para Cerdeña. En un par de días, terminamos con el papeleo de la compra del barco. Cargamos todo lo comprado, más una importante cantidad de cajones para pescados, lo amarinamos y muy de madrugada zarpamos. Recién entonces le mostré a Pascual, en la carta, el punto a donde nos dirigíamos y le marqué el rumbo. Por supuesto, estaba sumamente asombrado, tanto con mis extrañas compras, como con el sitio marcado, pero no hizo preguntas.Anclamos lo más cercano a la costa, que nos permitió nuestro calado y en el gomone, llevamos la carga hasta la playa.Viendo que no había, ni barcos en el mar, ni gente en el islote, trasladamos todo hasta la entrada de la cueva. Cuando retiré el mármol, tuve que sostener a mi primo, que casi se cae de culo al ver el túnel. Una vez adentro, le fui contando como había descubierto el lugar.
Mientras tanto, colocaba clavos, de los que se usan para escalar, y cada tantos metros, colgaba de ellos, pequeños faroles a gas, de esos que trabajan con garrafitas descartables, de las que había llevado gran cantidad.En la zona de los escalones, fijé una cuerda, a modo de pasamanos, y un juego de poleas, para levantar las cargas. La cara que puso y el tremendo impacto que le produjo ver el cartel que decía SPADA, no fue nada comparado con la expresión posterior, al ver el contenido de las tres cavernas. Me costó hacerlo reaccionar.
Trabajamos el resto del día, la noche, el día siguiente y la otra noche como mulas y sin embargo, no alcanzamos a sacar ni la cuarta parte del tesoro.
Había comprado cuatro valijas grandes, de esas que parecen changuitos, como los que usan las señoras para hacer las compras. Tenían fuertes ruedas y nos aliviaron en gran medida, el transporte de la preciada carga. Sobre todo en los lugares que debíamos transitar en cuatro patas. Mientras uno acomodaba lo extraído en los cajones de pescado, el otro, entraba por más. Cuando teníamos tres o cuatro llenos, debíamos subirlos a bordo y estibarlos en la sentina. No queríamos que nada llamara la atención, ante el eventual paso de una embarcación por las cercanías. Cada tanto, dormíamos un par de horas, comíamos algo y seguíamos con la agotadora tarea.Viendo que no era conveniente, seguir allí fondeados tanto tiempo, resolvimos partir. Las valijas estaban ya en muy mal estado, la comida se nos acababa y teníamos a bordo, una importantísima cantidad de riquezas. Cerramos nuevamente, borramos lo mejor posible nuestras huellas y cazamos unas cuantas gaviotas, como para mantener mi historia inicial. Llegamos a Cagliari, bien entrada la noche. Dejamos el barco bien cerrado y nos fuimos a dormir. A la mañana cargamos combustible y comida. Aprovechando el muy buen tiempo, nos largamos a toda maquina, rumbo a Trapani.
Otros cinco viajes, nos llevaría, sacar el resto, y dejar la cueva vacía. Para que nadie metiera las narices en la misma, una vez que conseguimos dejarla limpia, pegamos con cemento el mármol que cubría la entrada.

En el ínterin, habíamos conseguido formar un excelente directorio. Domenica, la hermana de Pascuale, que había estudiado algo así como administración de empresas, resultó ser una luz para los números y las finanzas. Pese a la resistencia de algunos hombres de la familia, terminó siendo nuestro ministro de economía. El cargo de asesor legal, se lo dimos a Tomaso, que no obstante ser muy joven, era un excelente abogado. Trabajaría de común acuerdo, con mi hermano Pedro, que se haría cargo de los negocios en Argentina. No podía faltar el tío Chicho en este directorio, sería algo así como el jefe de logística y de seguridad. Mi hermano Enrique, que había hecho, en San Juan, un curso de enología, vino a especializarse en la Universidad de Palermo. La idea era que pudiera estar al frente, de la futura bodega y de los viñedos que queríamos comprar en la provincia. Cuando regresara a casa, mandaría, al mayor de mis sobrinos, para que estudiara todo lo concerniente a la olivicultura. En esta forma, iríamos integrando, a la familia americana con la italiana.
Mientras tanto, los tanos, enterados de las bellezas de Calingasta y del país en general, hacían cola para poder viajar a visitar a mis padres.
Por último, para dejar contentos a todos, nombramos como asesores en política y relaciones públicas, a los dos integrantes mas viejos de la familia.
Siguieron meses de intenso trabajo. Entre otras cosa debía hacer rápidos viajes, a las más importantes ciudades y capitales europeas. Tenía que vender parte de mi oro, en diferentes lugares y en pequeñas cantidades,de forma de no llamar la atención. En Suiza, y en otros varios países, deje en cajas de seguridad, el resto.En un corto tiempo, nuestros negocios habían crecido en forma acelerada. Se hacía evidente aquello de que la plata trae a la plata. La facturación crecía en forma impresionante. Previendo que si la cosa seguía así, se nos complicaría el control de nuestras diferentes empresas, resolvimos comprar una propiedad en Palermo, donde instalamos la administración general. A cuanto lugar de la isla llegaba, era recibido por los funcionarios comunales, como si fuera el presidente de la república.Pascuale, divertidísimo me cargaba llamándome “Vizconde de Pietra al Mare”. Por supuesto ninguno, de los que por casualidad lo escuchaban, entendía de dónde salía el tal título.
En Cerdeña, compramos una importante planta productora de sal, cercana a Cagliri. Además, algunas hectáreas de olivares y viñedos, así como buena parte de las acciones de una firma productora de plomo.En general en las dos islas, la producción agrícola era bastante pobre. Los métodos de cultivo eran casi medievales. Pretendíamos modernizar la cosa.
En Sicilia, nuestras inversiones fueron múltiples. Llegamos a manejar casi el ochenta por ciento de los olivares, más una fábrica de aceite.El sesenta o setenta por ciento, de los viñedos eran nuestros, así como la bodega más moderna.
A nuestra pequeña flota pesquera, le sumamos, la más grande fábrica de conserva y enlatado de pescados.
Compramos un establecimiento productor de ácido cítrico, que estaba barranca abajo y lo pusimos a trabajar con todo.
Desde nuestro, ahora, gran taller y concesionaria de automóviles, exportábamos a América del Sur, gran cantidad de automotores de todo tipo.
Teníamos importantes paquetes accionarios en varias industrias, sobre todo en cemento y petroquímicas.
Me di el gusto de poner una fábrica de maquinaria agrícola de alta tecnología. Estas máquinas, me apasionaban desde mis tiempos de mecánico rural. Por una vez, hicimos algo diferente, esta fabrica, figuraba como subsidiaria, de otra que había instalado en la provincia de Córdoba, de esta forma los royalties, se pagaban a la Argentina.
Otra de nuestras firmas, era propietaria, de dos de los transbordadores más grandes, que hacían el cruce del estrecho de Messina hasta Reggio, Calabria.
Todo esto, más otros emprendimientos de menor cuantía, nos garantizaban, que ninguna persona que tuviera algo que ver con la familia, estuviera sin trabajo.En Argentina, compramos en San Juan, el edificio de una antigua bodega, lo restauramos a nuevo pero, conservando todo su primitivo aspecto, lo convertimos en un museo de la vitivinicultura provincial.
Se transformo en un éxito turístico. Adyacente a ella, construimos una nueva bodega, con lo último en tecnología. Dentro del rubro, compramos una gran cantidad de acciones, de una fabrica de alcohol, más una cantidad importante de viñedos, tanto en la provincia, como en Mendoza.De la misma forma, adquirimos olivares en diferentes provincias. A estos le sumamos una planta productora de aceites, que podían competir con los mejores europeos.
En el rubro automotor, contábamos con tres concesionarias, más la fábrica en Córdoba de maquinaria agrícola.Teníamos previstas, inversiones en empresas varias y ya estaba a punto de empezar a desarrollar sus actividades, nuestra propia compañía de seguros, con filial en Italia.
Si bien, seguía repartiendo mis sueldos nominales, la mitad de las acciones que adquiríamos, quedaban a mi nombre. Con todo esto ya encaminado, quería dedicarme a gozar un poco de mi dinero. El tiempo pasaba y yo corría de un lado a otro, ocupándome de los problemas de todos y sin ocuparme realmente de mí mismo. No se trataba de que la estuviera pasando mal ni nada por el estilo. Tenía una hermosa casa, en Trapani. En el sur de Argentina, una estancia junto al lago, con montañas y lago incluido.Señoritas, de todo pelo y color, no me faltaban. Podía tener todo lo que se me ocurriera. Era hora de vivirla.Hacía más o menos un mes, que habíamos hecho el último viaje a Pietra al Mare. Éste había sido bastante más largo que los anteriores. Aparte de retirar la última carga de valor, queríamos dejar todo limpio y que no quedara ningún rastro de nuestras actividades en el lugar.Como siempre antes de irnos cazamos un buena cantidad de gaviotas, que eran nuestro habitual justificativo. De regreso en mi casa, pasé una muy buena noche con Juliana. Cada tanto aparecía de visita.
Lamentablemente se me acaba el tiempo y no podré contarle más detalles.
Perdóneme pero me canso mucho.
Pascuale, murió hace cuatro días.
Yo, parece que no llego al fin de semana.
Las putas gaviotas, venían con gripe aviar incluida.-

_____________________ 2006


El bosque

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Emulando al amigo Don Remitente en su “Teoría del mínimo relato”,
uno cortito.


Aquel hombre un buen día, se dio cuenta de que el árbol no le permitía ver el bosque.
Enojado, buscó un hacha y lo tumbó.
Cayó pesadamente el árbol con gran enojo de pájaros y otros bichos.
Pronto noto, que detrás del primero, otro también le interrumpía la visión. Sin pensarlo mucho lo tiró abajo. Ahora se encontró con otro.
Sin desmayar y dispuesto a no permitir que nada le impidiera ver el bosque, continuó con su tarea una y otra vez.
Llegó así el momento en que cayó el último árbol.
Fue entonces cuando vio, con sorpresa, que tratando de verlo, había destruido todo el bosque.
Desolado lloró amargamente; luego vendió la madera y se hizo rico.

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El Ojo

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Este cuento es uno de los que publique primero, como no creo que en ese entonces lo hayan leído muchos y a mi me gusta, lo mando de nuevo.
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Vio que desde el escritorio el ojo lo miraba.
Aunque un tanto desorbitado, su aspecto era fiero y acusador.
Después de los dos disparos de escopeta, era lo único que había quedado reconocible de la cabeza del viejo Kowalski. El resto estaba untado aquí y allá.
Esa mirada monocular lo impresionó bastante.
Agarró una carpeta e intentó aplastarlo.
Con una agilidad inesperada el ojo, de un salto, se ocultó en el fondo de un cajón.
Al no sentirse más observado, dejó de prestarle atención.
Con toda parsimonia desarmó su escopeta, la limpió meticulosamente y la guardó en un bolso de raquetas de tenis.
Salió de la casa, de lo más garifo, caminando lentamente hacia el Lawn Tenis de la otra cuadra.
A cierta distancia y esquivando los pisotones de los transeúntes, lo seguía el ojo. Se veía en él una incontenible sed de venganza.
No perdonaría jamás al que reventó al compañero de toda su vida.
Más de una vez habían visto al viejo en compañía de gente jodida y trataron de advertirle pero, por ganarse unos pesos más, no les había hecho caso.
El tipo entró al club, se metió en el vestuario, dejó el bolso en un rincón y calmadamente salió nuevamente a la calle. Allí se subió a un taxi dándole una dirección. Preocupado el ojo, al no poder oírla, se coló en un colectivo que iba en el mismo sentido que el automóvil. En el primer semáforo, cuando quedaron los dos vehículos a la par, saltó sobre el techo y se escondió detrás del cartel que decía Radio Taxi.
Pararon frente a la puerta de un bar.
Medio machucado por los golpes que recibía en cada frenada brusca, vio como, después de pagarle al tachero entraba y lo siguió resueltamente. El otro se dirigió a una mesa donde, aparentemente, otros dos lo esperaban.
Oculto desde un rincón, los observaba atentamente.
Reconoció en ellos a los mismos que había visto en compañía del viejo.
Uno, sacó un fajo de billetes y se los dió al recién llegado. Éste agradeció y nuevamente salió a la calle.
Paró a otro taxi.
Esta vez el ojo estaba atento. Rápidamente entró al coche entre las piernas del coso y se ocultó debajo del asiento del conductor.
Luego de un trayecto bastante largo, el fulano, bajó y se metió en una veterinaria donde compró algo. Después de esto, caminó un par de cuadras y entró en un edificio de departamentos tomando el ascensor hasta el quinto piso.
El ojo, llegó arriba hecho bolsa después de haber subido los cinco pisos por la escalera. No le importaba, él quería joderle la vida a ese desgraciado.

El tipo, entró en el departamento diciendo en voz alta, ¡ Michi, Michi! Vení que te traigo comida!
Apareció un gran gato que al ver tan apetitoso ojo, se lo comió de un bocado.
Él alcanzó a ver, que se iba a la mierda.



________________2006.

EL URUGUAYO

Un pequeño relato
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El padre, al igual que varios otros miembros de la familia, se llamaba Washington.
Uno de sus tíos Winston y el otro Wilton.
Ya antes de que él naciera, una fuerte discusión se planteo en el seno familiar.

La madre y la tía, opinaban que debía llamarse Heber, como su abuelo materno pero, el resto, consideraba necesario que para que se conservara la tradición, su nombre debía comenzar con doble ve.
El problema radicaba en encontrar nombres diferentes para evitar la constante repetición.

Varios se barajaron, unos votaban por Winsconsin.
Este quedo prontamente descartado por considerarlo, al igual que Wichita, demasiado yanky.
Wellington, y Windsor, resultaban muy ingleses.
A Watson se lo dejo de lado por elemental y a Whitman, por que no fuera que saliera medio poeta y algo más.
Como en la mayoría de estos casos, la casualidad, fue la que terminó con el problema. Una providencial ida del padre a la farmacia a comprar medicamentos, terminó con la disputa. Así nació Wintomilón Perez , el uruguayo


______________________________ 2005

DESCUBRIMIENTO DE GRANDE INTERÉS CIENTIFICO

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Con verdadero orgullo damos a conocer hoy el artículo publicado por la revista Science en el Nº 589 del 29 de enero de 1933.
Aparentemente el mismo podría ser de autor anónimo ya que dado el mal estado en que se encontraba el ejemplar consultado, no fue posible corroborar si estaba firmado. Tampoco podemos afirmar que lo que aquí publicamos, fuera el total del trabajo original.
No obstante, se encontró guardada en los archivos de la redacción una carta dirigida al autor, que si bien no nos sirve para aclarar el nombre del mismo, por lo menos, nos hace suponer, con relativa certeza, que estaría completo.
Lamentablemente no nos fue posible hallar ningún ejemplar de la revista que estuviera en mejor estado de conservación pero pese a todo esto, dada la real importancia del tema, tomamos la resolución de ponerlo a consideración de nuestros lectores ya que creemos que será recibido con gran beneplácito.
Adjuntamos también la anteriormente citada carta que agrega información que pensamos, puede ser de interés.
La traducción fue realizada directamente del idioma original, por el eminente traductor, escritor y periodista Carlos Podestá

Tomado de la revista Pour Le Gallerie, de marzo de 2005.


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Descubrimiento de grande interés científico



Todo hace pensar que, para una persona medianamente normal sería imposible verse a sí mismo parado de espaldas. Esto haría, que fuera prácticamente imposible que se reconociera en caso de verse yéndose.
Sin embargo dicen, que si uno se para, durante un determinado espacio de tiempo, en un lugar específico de la ciudad de Greenwich, condado de Kent y luego corre velozmente, llegará a verse las espaldas. Cosa que aparentemente, es imposible en casi cualquier otro lugar del mundo.
Suponiendo que alguien quisiera comprobar este aserto, deberá tener en cuenta que serán varios los problemas que se le presentarán, el primero a resolver es hacia dónde correr.
Es evidente que no lo podremos hacer en dirección norte - sur y mucho menos de sur a norte, siguiendo el meridiano perteneciente a esa ciudad.
Fácilmente podríamos sentirnos tentados a hacerlo, ya que el mentado meridiano es fácilmente reconocible en aquella localidad. Pero, como es bien sabido, el paso por dos veces por el ecuador, más el paso por otras dos veces por los polos, suele producir serias alteraciones en la percepción de imágenes. Se ha dado el caso de un científico turco que sufrió graves problemas psicológicos al confundir su esbelta figura con la del rinoceronte del zoológico de la ciudad de Ámsterdam.
No nos queda entonces mas que intentarlo de este a oeste o viceversa. Aquí se nos plantean nuevos problemas. El primero es encontrar el paralelo, al que deberemos recorrer meticulosamente si es que queremos obtener resultados medianamente satisfactorios.
Sabemos del interés desmesurado de los habitantes de esta ignota región del planeta por los meridianos, así como su notorio desprecio por los paralelos, a los que consideran sumamente aburridos.
Comprenderéis entonces que no será fácil encontrar a alguien que nos sepa indicar la exacta ubicación del susodicho paralelo.
El siguiente, y nada menor problema, será saber en que dirección correr.
Tenemos sólo dos opciones, de este a oeste o de oeste a este, o sea, en el sentido de la rotación de la tierra, que sabe Dios cuál será, o en el contrario. En el primer caso, acompañando la rotación, nos encontraremos con que, al ser ésta de una velocidad muchísimo mayor a la que nosotros podríamos llegar a desarrollar, aún estando perfectamente entrenados, nuestros pasos serían cada vez más cortos, dado que la tierra se nos escaparía raudamente por debajo de nuestros pies. Por lo tanto, vemos que la única posibilidad que tenemos de llevar a cabo nuestro cometido es el contrario.
Alguien seguramente nos dirá que somos demasiado convencionales, que bien podríamos haber elegido cualquiera de las diagonales posibles. Esta era una idea que nos pareció muy interesante en un principio, pero que la descartamos prontamente, luego de leer el enjundioso trabajo que al respecto escribiera el reconocido filosofo alemán Olaf Albreech (*) de la Universidad de Maguncia.
Asevera él, que las diagonales, a más de ser poco elegantes, están siempre dispuestas a sumirnos en horribles confusiones.
Esto último podrá comprobarlo fácilmente cualquier persona que, desprevenidamente, intente sin la asistencia de un guía altamente calificado, trasladarse de un sitio a otro en la ciudad de La Plata.
Pese a todo, creo que la experiencia vale la pena. A mí me resulto sumamente satisfactoria.
Teniendo en cuenta que este es un trabajo de simple divulgación científica, no ahondaremos más en las diferentes dificultades con las que podríamos tropezar, las que deberán ser resueltas e investigadas por los que decidan afrontar el reto. Solamente haremos hincapié en una última reflexión: Recomendamos tener especial cuidado en la elección del calzado, ya que uno demasiado impermeable puede producirnos serios trastornos obligandonos a hacer uso de importantes cantidades de fungicidas; por el contrario, zapatos demasiado permeables, nos obligaría a efectuar gran parte del recorrido con los pies mojados, dado el terreno donde transcurriría nuestro periplo.-




Notas

(*) Olaff Albreech - Breve noticia biográfica.

Nació en el año de 1599, un poco antes de la revolución francesa, en la isla Spitsberg, archipiélago de Svalbard, posesión por aquel entonces del Reino de Noruega.
Sus padres eran un matrimonio de separatistas checos que, pese a esto, vivieron juntos muchísimo tiempo. Cuando cumplió los dos años, la familia se mudo a la zona de Handargevidda donde el padre instala el primer criadero de conejos de toda Europa.
Si bien desde niño mostró una gran predisposición por las ciencias ocultas, pronto comprendió, que siendo alemán, le resultaría extremadamente difícil aprender el extraño idioma que se hablaba en esas inhóspitas tierras. Se trasladó entonces a la ciudad de Viena, famosa ya por sus panes.
Allí trabajo en una panadería, donde aprendió el oficio.
Años después, emigro a la ciudad de Frankfurt. En ésta contrajo matrimonio con la hija de un acaudalado carnicero. (1)
Allí escribe su primer tratado ‘’De Cómo Aprovechar Los Deshechos Cárneos, Moliéndolos y Envasándolos Posteriormente En Finas Tripas En Cambio De Dárselos A Comer A Los Perros‘’. Éste, su primer invento, le haría ganar fama y mucho dinero al venderlo a los aborígenes, a su paso por Vinland (*)Nadie pudo saber el porqué, dichos aborígenes bautizaron, perros calientes, a los originalmente llamados frankfurters.
En el ínterin su esposa lo abandona escapándose con Egon Von Kroisbruck (2) que, como todos sabemos, era un trepador.
Despechado, se muda a la ciudad de Hamburgo, en la que aprovechando los conocimientos adquiridos anteriormente, realiza su segundo gran invento. Una mezcla de grasa y carne finamente molidas que, ante la falta de finas tripas, de las que se hallaba totalmente desabastecida la ciudad, decide aplastar, en pequeñas porciones, dándoles forma de medallones y colocarlas entre dos rodajas del pan que aprendiera a hacer en Austria. Nuevamente comercializa con marcado éxito su producto entre los aborígenes de Vinland, cansados ya de la mala calidad y elevado costo con que era comercializada la carne de búfalo. Años después esto se conocería como amburguesa.
Se radica, por fin, en Maguncia, donde oficia en la universidad cómo profesor de violín.
Escribe allí su más famoso tratado, a su vez el de mayor interés para nosotros: ´´Der Grosse Probleme Kuns Der Catetten Und Ipotenussen´´.
Lamentablemente se conserva un solo ejemplar, en una mala traducción al arameo antiguo, guardada celosamente por los monjes coptos del monasterio de la ciudad de Glendalough, en los montes Wicklow, en Irlanda.
Albreech, terminó sus días cómo Capel Maister del gran Duque de Estergom, en Magiarorszag, donde compuso sus más importantes piezas sacras y profanas, dos operas y varias sanatas para órgano. Falleció en el año 1844. (Nota del Autor)


(*) Vinland Nombre dado por los vikingos a la zona de América del Norte donde solían pasar sus vacaciones de invierno ( nota del traductor)



(1) Adele Evinrude Anne Riverstrasse. Dit Putitte, por sus más íntimos, se casó muy joven con Albreech. Éste era ya bastante mayor y sufría muy serios problemas de erección. Se llegó a comentar incluso, que en realidad llego a su primer gran invento, tratando de satisfacer las apremiantes necesidades de su joven esposa. No es de extrañar que esta, entonces, luego de un exhaustivo análisis de la por cierto, larga lista de sus amantes, optara por escaparse con el que, aparentemente, reunía las condiciones físicas y económicas más interesantes. Sin embargo, rápidamente tuvo que confesarse que su elección no había sido la más correcta. Paso así por una temporada en la que fue de desilusión en desilusión.
Ante tanto fracaso amoroso, consideró que ya era tiempo de poner en práctica una vieja idea tantas veces demorada. Viaja entonces a la ciudad de Bujumburu en Burundi, por entonces joven república centro africana, dónde se radica, consiguiendo rápidamente trabajo en un prostíbulo, allí por lo visto, encuentra la paz interior que tanto necesitaba.
Terminó sus días, en 1914, a los noventa y siete años, rodeada por el cariño y el respeto de sus discípulas, siendo por entonces la madama más conocida del lugar. Aún hoy podemos escuchar en boca de los más viejos, relatos sobre la mítica voracidad de aquella mujer blanca (N.del Autor)



(2) Egon Von Kroisbruk

Fue el elegido por Adele para escapar de su marido y de su padre. Era un joven bien parecido, no muy alto pero de buena contextura física, tremendamente pedante y con aire suficiente, cualidades todas estas que encantaron a la susodicha, sobre todo el hecho que hubiera heredado una importante fortuna.
Fortuna que su padre había amasado durante la guerra de Crimea, según algunos, en forma no muy honesta.
Sin embargo Egon, se embarcó en quiméricas expediciones hacia ignotas y borrascosas cumbres, donde dilapido su cuantiosa fortuna.
Esto fue lo que decidió a su amante a empacar cuanta cosa de valor hubiera en la casa y a desaparecer rápidamente.
Afligido y en total bancarrota, se establece, en Izmir importante localidad del Imperio Otomano, donde en calidad de mercenario, integra las huestes del Sultán Ali Jeorges Al Matorral, quien por entonces pretendía ser nombrado Emperador General y Protector de la Moral y las Buenas Costumbres. La última noticia que tenemos de él es que fue visto en la quema de la biblioteca de Alejandría, luego de lo cual se pierde todo rastro. ( N.A.)

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La carta encontrada

Faisalabad, 15 de enero de 2017. -


Estimado señor:

Con sorpresa he leído un artículo suyo en la prestigiosa revista Science.
Si bien debo entender, que como UD. aclara, sólo se trata de un trabajo de divulgación científica, me ha llamado poderosamente la atención el hecho de que en algunos aspectos profundizara tan poco y en otros su información fuera tan deficiente.
En el primer caso olvida u omite mencionar la necesidad de la realización de las debidas abluciones con aceites aromáticos y las aún más importantes oraciones al profeta, para que nos ayude y dé las fuerzas suficientes para nuestra empresa. No quisiera pensar que es UD. un impío cientificista.
Otro tema que no trata es el de la importancia del acabado conocimiento de los vientos del lugar, ya que estos serán de vital importancia a la hora de efectuar el recorrido. Si los tuviéramos de frente entorpecerían nuestro avance y de costado podrían hacernos salir de sobre el paralelo y la deriva llevarnos a perder totalmente el rumbo.
No deseo extenderme mucho más sobre estos temas, basten estas breves consideraciones para instarlo a UD. a continuar profundizando sus investigaciones ya que pienso que el tema es de gran importancia.
En realidad el principal motivo de esta carta es el enojo que he sentido, como imagino, lo habrá sentido cualquier otro ciudadano pakistaní que halla leído su artículo.
En el mismo hace referencia a Egon Von Kroisbruk, con bastante lgereza. Dice que fue visto en el incendio de la biblioteca de Alejandría y que luego de eso se pierde su rastro. Esto es una patraña maliciosamente inventada, seguramente por indúes infieles, ya que el nombrado, es nada menos que nuestro héroe nacional. Es cierto que estuviera presente en el incendio acompañando al Califa Osmar 1º, pero, como él mismo aclaró tiempo después, esos fueron pecados de juventud.
En verdad cuando nuestro héroe se instala en Izmir, lo hace tentado por la excelencia de sus higos, a los cuales era decididamente aficionado. También es cierto que se pone a las ordenes del Sultán Al- Matorral, llegando a obtener el grado de capitán de jenízaros. Este Sultán estaba obsesionado con la idea de conquistar el Irak, esgrimiendo para esto razones patrióticas, tratando de ocultar el hecho de que su único interés se centraba en las riquezas profundas de este territorio.
Luego de varios años de interminables guerras y luchas intestinas y ante la toma de Izmir por los griegos, decide emigrar. El sultán, escapa de la ciudad y después de un largo peregrinar, se instala en Alabama, naciente estado, donde sus descendientes para pasar desapercibidos, traducen al inglés su apellido, el que pasa a ser desde ese momento Bush.
Von Kroisbruk deambula un tiempo por Anatolia pero, perseguido intensamente por los Jóvenes Turcos, se dirige al valle del Indo y se establece en la, por entonces, pujante ciudad de Mohenjo-Daro. Allí se dedica a la fabricación de sellos, pero pronto sus inquietudes políticas lo llevan a formar el partido Ario-Islámico de Reconstrucción Nacional. Al frente de éste contribuye al engrandecimiento del futuro país. Gracias a su decidida actuación, son anexados los territorios de Cachemira. Esto hace que se constituya en el lugar una importante industria de pulloveres, que beneficiaron grandemente la economía de V.K.
Pese a continuar con su incansable tarea por el engrandecimiento del país, debido a las constantes peleas con el administrador de la Compañía Británica De Las Indias Orientales, motivadas en repartos de comisiones mal liquidadas, resuelve trasladarse a Harappa, ciudad a la que él mismo, había colocado su primera piedra, donde rodeado de sus esposas, amantes y concubinas, e innumerable cantidad de hijos, fallece a los 139 años.
Comprenderá ahora el porqué de mi enojo al ver ignorado al más preclaro paladín de nuestra historia patria.
Esperando que mi aclaración sirva para la mejor comprensión de la historia de mi país, quedo a sus gratas ordenes.
Sin otro particular y alentándolo a continuar con sus estudios ya que somos muchos los interesados en el tema, le saludo a UD. atte.
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Fazal Elahi Chaudhy


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Nueva carta recibida en nuestra redaccion


Klaípeda, 19 de abril de 1987

Ref.: Articulo Grande interés científico

Señor Director
De la revista
“Pour le Gallerie”

Estimado Sr.:
He leído con sumo interés, en su revista, del mes de marzo de 2005, la trascripción del artículo de la revista Science, Nº 589 del 29/1/1933.
Indudablemente vuestra publicación es sumamente popular en mi país, Lietuva, o Lituania como lo denomináis vosotros.
Los abatares políticos de los últimos tiempos, han hecho que, lamentablemente, tuviera que prescindir del servicio doméstico, por lo tanto, debo hacer personalmente las compras. Esto, que de por sí no es para nada agradable, sin embargo, tiene sus ventajas. Los envoltorios, hechos con papel de periódicos y revistas, me proveen de material de lectura gratuito. El litas, con la inflación, ha caído mucho frente al dólar y eso hace, que también tuviera que pedir al diarero, que no dejara más los diarios todas las mañanas. Por supuesto di como excusa, que el vecino me los robaba.
En uno de aquellos envoltorios, leí el citado artículo. Imaginaréis la sorpresa, cuando pocos días después, habiendo ido a comprar dos kilos de papas, Encontré, en el papel de diario que los envolvía, una nota sobre el mismo tema.
Se trataba de un viejo periódico de la ciudad de Vilna, en el se relataba la notable hazaña, de un ciudadano habitante de la misma.
Su nombre era Algirdas Brazauskas, y por el relato se podría inferir, que fuera el autor del articulo original.
Decidido a investigar un poco mas sobre el tema, resolví trasladarme a Vilna.
Aprovechando que un vecino, debía viajar a esa ciudad en su moto, le pedí que me llevara. Allá tenía parientes que no tendrían inconveniente en alojarme.
Después de un viaje pletórico de inconvenientes y problemas de todo tipo, que no vienen al caso detallar en ésta, llegamos por fin a la ciudad.
Mi primera desilusión fue enterarme que el Vilna Presse, no se publicaba ya, desde hacía muchos años. Su antiguo edificio era ahora un supermercado. Ninguna de las personas a las que interrogué, tenía la menor idea de quién había sido el tal Brazauskas y mucho menos, de su otrora gloriosa hazaña.
Resuelto a no dejarme vencer tan fácilmente y dado que no tenía nada mejor que hacer, hasta tanto no consiguiera la forma de regresar a mi casa, seguía preguntando a cuanta persona tuviera cerca.
De pura casualidad, un día que había ido al supermercado a comprar unos arenques, resultó que el cajero que tenía que cobrarme, era el nieto del periodista que escribiera el artículo del viejo periódico y el que había entrevistado, en varias oportunidades, a Algirdas.
Un poco incrédulo, por el hecho de que alguien le preguntara por acontecimientos ocurridos hacía tantos años y a la vez contento de poder contar cosas, que tanto le interesaron, en su momento, a su abuelo, me invitó a visitarlo en su domicilio.
El abuelo había muerto hacía ya algunos años, pero él guardaba algunos de sus papeles y notas. Además, el viejo periodista, le había hablado bastante sobre el tema.
Esa noche fui a visitar a mi informante. Tomamos té y una buena vodka. Tenía un hermoso y grande samovar de bronce, herencia también de su abuelo.
Resumiré lo conversado aquella noche.

Aparentemente, si bien de padres lituanos, Algirdas Brazauskas, habría nacido en la pequeña ciudad de Salocgriva, en Latvija, Letonia para vosotros, durante unas vacaciones de verano.
Parte de su infancia, no se sabe muy bien porqué, la habría pasado en Tallin, Eesti, Estonia, para vosotros.
Desde muy niño demostró su gran interés por las ciencias y los deportes. Su primer gran amor, fue su profesora de ciencias naturales, para luego, enamorarse perdidamente, de la profesora de gimnasia.
Parecería, que una vez instalado en Vilna, luego de la lectura de un viejo manuscrito, nace su verdadero interés, por investigar y llevar a cabo, la que luego sería su gran epopeya.
El manuscrito de referencia habría sido encontrado por su tío abuelo, según algunas versiones, en un monasterio de las islas Saaremas, llamadas también Ösel o según otras, en las islas Hiiumaa.
Estaba escrito en una antigua lengua ugrofinesa, lo que obligó, a nuestro héroe a realizar intensos estudios de la misma, para poder traducirlo correctamente.
Su autor, un monje, aparentemente llamado Roolff Tiit Savisaar, lo habría escrito a mediados del siglo XIII, durante la dominación del país, por parte de los caballeros de la Orden Teutónica.
El mayor problema radicaba, en que según la interpretación que se hiciera, del texto, podía resultar, que se debía correr sobre las manos o bien hacia atrás. En ambas circunstancias, hubiera sido muy problemática y engorrosa, la posibilidad de llevar a cabo la experiencia.
Mientras trataba de desentrañar los misterios y contradicciones del manuscrito, se dedicó a estudiar cosmografía, astrofísica y se doctoró en Geometría Plana Descriptiva.
No descuidó tampoco el acabado conocimiento de la astrología. En esta materia, parecería, que se convirtió, en un verdadero sabio. Según algunos, las mayores personalidades de su época, lo consultaban y le pedían que confeccionara sus cartas astrales.
Para comenzar con su entrenamiento físico, todas las mañanas salía a correr un poco. Solía desayunar, a veces en Oslo, otras veces en Helsinki. Si el tiempo estaba bueno, se llegaba a almorzar hasta Ámsterdam y visitaba a una cierta señorita que vivía en el barrio rojo. Estas visitas, sumadas al duro entrenamiento, hicieron que su flacura fuera francamente alarmante. Comenzó entonces a hacer varias paradas por día, para alimentarse. Ahora, su mayor preocupación era que, una vez acometida la empresa para la cual se preparaba, en llegando, no se viese o reconociese, por lo magro de su aspecto.
Por fin se sintió listo para partir. Al mediodía de un día de junio, salió del Observatorio de Greenwich, a gran velocidad, rumbo a su destino. Fue un verdadero fracaso, cuando llegó al punto de partida, su imagen, hacía largo rato había partido y venía pisándole los talones.
Debió reconocer, que gran parte de su fracaso, se debió a la mala elección, del horario de partida. El intenso calor de la hora, lo había hecho transpirar en demasía y las gotas de sudor que le entraban en los ojos, le nublaban la vista, haciendo que en varias oportunidades se fuera del rumbo prefijado.
Lo intento nuevamente al mes siguiente. Esta vez el éxito fue rotundo. Algunos apostadores, ganaron ese día, muchísimo dinero, las apuestas estaban quince a uno en su contra.
Lamentablemente, él no pudo gozar mucho tiempo de su éxito. Su estado físico era realmente deplorable. Se había convertido en una débil sombra. Con gran esfuerzo asistió a algunos de los homenajes que le hicieron sus conciudadanos y a los reportajes del abuelo. Día a día lo veían consumirse más y más, hasta que por fin, según dijeron algunos de sus vecinos, simplemente desapareció. Otros en cambio aseguraron haber visto, cuando un mal viento, se lo llevo con rumbo desconocido. Nunca se supo más nada de él y por último la gente había terminado olvidándolo.

Esta es toda la información que pude recoger. Creo que servirá para aclarar dudas, tanto de ustedes, como de sus lectores.
Espero que sigan en la senda de servir al conocimiento de los hechos científicos, que son de verdadero interés popular.
Sin otro particular y en la convicción de haber aportado mi granito de arena, me despido de Ud. Atte.

Vitautas Smetona




________________2006



Notas para mi libro sobre la vida y obra de Vercelius

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El contramaestre de “La Impredescible”, se llamaba Junius Dragomir Vercelius.
Había nacido en la ciudad de Osijek, en Eslabonia. No sabemos bien la fecha, pero creemos que fue poco tiempo después de la caída del Imperio Romano.
Desde joven demostró estar hecho de buena madera.
Si bien su padre había formado parte del primer gobierno Ustachi, él, ya desde los tiempos en que era alumno de humanidades en el colegio de Beauvais en Paris, habría sentido gran atracción por ideas de extrema izquierda. Esto daría motivo, seguramente, a frecuentes choques con su profesor de retórica, el sabio y muy pedante, Juan Granvier.
A este último lo inmortalizó Cyrano de Bergerac, en su obra "El Pedante Burlado", de donde se dice, que se inspiró Moliere, para una parte de la suya, "Las Marrullerías de Scapin".

No encontramos registro alguno, de cómo ni porqué, Junius, sale de ese hermoso rincón de las provincias Ilíricas, con sus fantásticos bosques, reino del dios Oberon, cantados por Shakespear en "El Sueño de una Noche de Verano", para ir a estudiar a París y mucho menos aún el porqué, deviene en marinero.

La Impredescible, era un hermoso barco.
Había sido construído en astilleros de Portsmouth en 1765, con el nombre de Golden Mistress, color predominante en su pintura al momento de ser botado. Más adelante este color sería cambiado por un tono verde inglés, muy de moda en la época.
Era un espléndido navío de línea de primera clase, con tres puentes de artillería, ciento dos cañones y una tripulación de ochocientos sesenta hombres, todos elegantemente vestidos.
Sin embargo tenía un defecto, en navegación su comportamiento era totalmente errático. Algunas veces con una leve brisa que no alcanzaba a mover las velas, mantenía una marcha de siete a diez nudos, en cambio otras, en las que soplaba un frescachón, no llegaba a los cuatro nudos. Su derrota era difícil de precisar, había veces, que con un viento por la aleta o al largo, se iba de ronza derivando y yéndose totalmente de rumbo, otras, con un fuerte través se mantenía como si lo tuviera de popa.
Este extraño comportamiento daba a pensar a la tripulación, que sus actos eran volitivos. Por esta causa, el capitán español, Don Juan de la Cruz Molleja y Pardinez, le cambió el nombre por el de La Impredescible.
Este capitán había tomado el mando, cuando los españoles quitaron el barco a los ingleses, durante la batalla de Port Said.
Cuando los holandeses la recibieron de los españoles, como parte de pago de una deuda que tenía la corona española con la holandesa, su nuevo capitán, Jan Van Der Kraquen, estuvo de acuerdo en mantenerle ese nombre.

Tampoco hemos podido averiguar cómo fue que el joven Junius Dragomir, llega a tener el grado de contramaestre, en este importante barco, tripulado por rubios y robustos holandeses.
Es posible que antes de este cargo, haya revistado en la tripulación del pirata Morgan y de ser así, seguramente participó del ataque a Panamá. Es probable que si esto fuera verdad, pudiera haber comprado el título, con parte del botín conquistado.
Pero, debemos tener en claro, que todo esto bien podría tratarse de infundios, distribuídos para desprestigiar al joven croata, del que sé, sí se sabe, que era muy estricto en el cumplimiento de su deber y afecto a prodigar abundantes latigazos a los que no eran cuidadosos en sus tareas.
Además de todo esto, según algunas versiones que hemos podido recoger, era muy envidiado por sus compañeros por ser muy alto y buen mozo, de él se enamoraba cuanta mujer frecuentara los puertos donde amarraba el barco.

Sin embargo, en relatos recogidos en La Española y en Port Royal, encontramos referencias que dan cuenta de la existencia de un tal Dragón Vercelis. Famoso en aquellos tiempos por su ferocidad.
Dicen también, que algo se dice de él, en el libro de Alexander Olivier Exguendin, "Bucaneros de América" de 1678. No he podido corroborarlo. Aparentemente, este autor no sería otro que Alexander Olivier Oexmelin, y el libro "Piratas de la América", su verdadero nombre, según consta en la portada, de la primera edición en castellano, publicada en l681, con traducción del flamenco al castellano, por el Dr. De Buena Maison. Sea como sea, en el Diario de este autor, publicado pocos años después, no aparece nombrado nadie llamado Dragón Vercelius o Vercelis.

En los escasos restos de un diario de viajes, hallado en una vieja taberna en Llanrhymny, pueblo ubicado en Gales, cuyo autor podría ser nuestro héroe, encontramos algunos datos interesantes. Al menos a él se lo atribuyen autores de diferentes países. A nosotros nos parece un tanto aventurado este aserto, por ser justamente, la mayoría de estos autores, de dudosa confiabilidad y casi con absoluta seguridad, los datos fueron repetidos de uno a otro, sin el menor intento de comprobación.
Lo único que encontramos, que realmente nos llama la atención de esto, es la extraña coincidencia, de que éste sea el pueblo de donde, probablemente, fuera originario el famoso pirata Morgan.
De lo poco legible de este manuscrito, podríamos llegar a inferir, que Junius, se habría sentido interesado, en repetir lo acontecido en el Bounti, aunque lo atemorizaría el desenlace, por la forma brutal con que fueran reprimidos los habitantes de Botani Bay, por los ingleses. De todas formas, podría llegarse a pensar, que la idea de adueñarse de la nave y dedicarse con ella a la piratería, le atraía mucho.
Por ahora, hasta tanto no tengamos mayores pruebas, esto lo dejaremos en el terreno de las suposiciones.
Se nos hace difícil pensar que un joven tan hermoso, como dicen que era, con sus largos cabellos rubios al viento y proveniente de una buena familia, pudiera ser capaz de tan desagradables ideas.

Algunos de estos autores, son los mismos que critican mis libros, diciendo que son nada más que un montón de chiméntos.
Esto me pone bastante mal.
Yo he estudiado letras y me documento bien antes de escribir nada, no como ellos.
El hecho de ser hija del peluquero del barrio y que mi madre fuera la dueña de la verdulería no les da ningún derecho a llamarme vulgar chimentera._
_________________________2006

Diría Alberto Balaguer Mendoza

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Hay diferentes tipos de muertos
Están los muertos muertos, esos son muertos.
Están los muertos vivos, esos son zombies.
Están también los muertos que se quieren hacer los vivos,
esos son Duhalde
29 de enero de 2010
...

HOY CUMPLO MIS PRIMEROS SETENTAYSIETE AÑOS

El paylebot

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Le encantaba pasearse por el puerto.
Los barcos fondeados en la rada o los amarrados a sus muelles, lo hacían soñar con viajes a ignotos países. Estos países en general, tenían palmeras, aguas cálidas y extensas playas, por donde paseaban gran número de hermosas y casi desnudas mujeres, que le sonreían incitantes.

Le llamó la atención un lindísimo paylebot, que se hallaba fondeado a cierta distancia de la costa. Tenía dos altos palos con masteleros y enormes velas cangrejas Una carreta de altas ruedas, llevaba a un grupo de pasajeros para embarcase. Se veía que estaba listo para partir. Seguramente debía ir al puerto de Conchillas, de donde traería arena. Era el Gloria, tiempo después se enteraría que había sido vendido y sus nuevos dueños le cambiarían el nombre por el de Roca XVII.
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Era intenso en esos tiempos, el transito de chatas y barcos de todo tipo, entre la costa uruguaya y Buenos Aires. La mayoría transportaba arena y piedra desde Conchillas o desde las canteras del Rosario, para la construcción del puerto de esta margen del Río de la Plata. Además el vapor de la carrera, salía del puerto de Bs.As. con rumbo a Colonia, Conchillas y Soriano, este último sitio era el elegido por muchas familias acaudaladas porteñas, para pasar vacaciones. De allá se hacían traer barriles con agua. Se creía que estas aguas tenían cualidades curativas para males varios.
Pese a que la construcción recién se iniciaba, ya se veían amarrados a sus muelles, a un carguero de la Delta Lines, a un enorme trasatlántico de la línea “C” y enfrente a un tremendo porta contenedores, recién llegado de Hamburgo. Mas allá, acababa de partir el catamarán a Punta del Este, casi al mismo tiempo que Buquebus, anunciaba su salida, con rumbo a Colonia.
Ahora, atrajeron su atención, unas chatas, de las que descargaban caolín. Recién llegaban de Holanda. Allá habían construido los cascos a pedido de una empresa argentina. No contaban con motor, ni obra muerta, se tenían que terminar acá. Para poderlas traer, les habían colocado palos, caolín como lastre y a vela, sin ningún instrumento
familias completas, habían navegado hasta aquí.

Amaba ese ancho y marrón río. No alcanzaba a comprender, cuál podía ser el interés de achicarlo. Los rellenos que se estaban haciendo para construir la costanera norte, le resultaban absurdos.
Habían destruido, prácticamente, la hermosa costanera sur, permitiendo rellenos para hacer la ciudad deportiva de Boca, con esa espantosa confitería y en cambio habían cerrado la Munich, que era hermosa.

Se fue caminando despacito para el bajo. Le gustaba recorrer los barcitos y piringundines que por esos lados había.
Lo atraían esos lugares siempre llenos de marineros y putas. Allí escuchaba hablar en los más exóticos e incomprensibles idiomas, que hacían volar su imaginación mas allá del mar.
Hacía ya un tiempo, en uno de ellos, se había puesto a charlar con un viejo marino, que decía haber quedado varado en Bs.As.
Cada tanto se lo encontraba y tras pagarle algunas copas, lo escuchaba, embobado contar sus aventuras en los siete mares. Algunas veces, le resultaban sospechosamente similares a algunos cuentos de Conrad, rondaban por allí Lord Jim, Tifón y hasta creyó reconocer al Gordon Pinn, de Poe.
No obstante haberse convencido de los macaneos del viejo, le encantaba escuchar sus relatos, los decía con mucha gracia y sentido del humor.
A veces se le iba la mano, un día contó pormenorizadamente, unas operaciones y amputaciones, realizadas en alta mar, que era evidente que habían salido del libro de Oexmelin.

Sin darse cuenta, él, había ido copiando la forma de moverse, los gestos y expresiones y hasta la forma de vestirse de muchos de estos lobos de mar. Le resultaba divertido y muy agradable cundo alguna de las, llamémoslas, señoritas trabajadoras, lo trataban como si fuera él, tripulante de alguno de esos grandes navíos llegados de ultramar. Generalmente, cuando se le acercaban con caras mimosas y voces melifluas, solía contestarles en un inglés champurreado, excusándose por tener que embarcarse en poco rato más. Ellas estaban siempre dispuestas a creerse cualquier cosa, siempre que pensaran, que en los bolsillos había dólares. Ante cualquier sospecha de que no era ese el caso, perdían todo interés y dirigían su atención a otro parroquiano.

Una noche, en que las copas habían sido más que las de costumbre, notó que del bolsillo del raído gabán del viejo, se asomaban unos libros.
A esta altura los dos estaban bastante borrachos. Viendo que el otro,
ya no sabía muy bien lo que decía, ni dónde estaba, se los sacó, lo más suavemente que le fue posible. Eran dos pequeños y ajados tomos. Uno era el "Billy Budd, Marinero", de Melville y el otro, "El bote abierto", de Stephen Crane.
Pese a su estado, el viejo se dio cuenta de lo que ocurría y a los manotazos, trato de recuperar lo que le pertenecía.
Él, que de haber estado fresco no lo hubiera hecho, se le rió en la cara y lo trató de macaneador mentiroso que contaba historias ajenas, para que algún estúpido, le pagara unos tragos.
Ante estas serias acusaciones, el pobre hombre, se quedó unos segundos como confundido, para prorrumpir luego en un patético llanto. Luego de esto y tras recomponerse lo mejor posible, confesó que todo lo que le decía era cierto, pero que si se lo permitía y tenía ganas de escucharla, le contaría su verdadera y triste historia.

Había nacido en la ciudad de Córdoba, donde pasó parte de su infancia. Aún recordaba un paseo que había hecho con sus padres, cuando tenía seis años. Fue cuando conoció el lago de Carlos Paz. No podía imaginar que existiera en todo el mundo, un lugar con tanta agua. Al cumplir los diez años, se mudaron a Buenos Aires. Con admiración conoció el Río de la Plata. Esa enorme superficie de agua surcada por infinitos veleros y grandes barcos.
Ya para entonces navegaba, gracias a Salgari, junto al Corsario Negro y a Sandokan. Poco tiempo después haría Veinte mil leguas con Verne.
Pero lo que realmente lo marcaría para toda su vida, fue cuando a los quince años, veranearon en Mar del Plata. El espectáculo de ese maravilloso mar, visto por primera, y aunque él no lo supiera, última vez, lo dejaron anonadado. Allí, resolvió solemnemente, dedicar su vida a navegar los siete mares.
De regreso en Bs.As., se le presento por fin la oportunidad de embarcase. Fue un día que cruzó el Riachuelo en bote. Llegó a la otra orilla, sintiéndose bastante descompuesto. Lo achacó al espantoso olor que salía de esa agua negra y podrida.
La segunda oportunidad la tuvo, cuando sus padres, resolvieron hacer un paseo por el Delta. La posibilidad de poder tomar una lancha colectiva lo llenaba de alegría. Cuando llegaron al embarcadero de Tigre, la visión de tantas lanchas que iban y venían, le produjo una sensación de tremenda excitación y no veía el momento de estar en una de ellas. Lamentablemente, una vez embarcados, no pudieron hacer mucho camino. Apenas salidos del puerto, cuando recién encaraban el Lujan rumbo al Carapachay, el timonel, pegó la vuelta y los desembarcó en la primer escalera del muelle. Él ya había vomitado encima de todos los pasajeros y tripulantes.
Pasó una semana tremenda, bastaba con recordar los movimientos de la lancha, para que no pudiera retener alimento alguno en el estomago.
La siguiente vez que pisó la cubierta de una embarcación, fue durante una visita que junto a sus compañeros de colegio, realizó a la fragata Sarmiento. Lo tuvieron que bajar entre dos marineros, mientras, el resto de los visitantes, seguía patinándose a bordo.
Pese a todas estas experiencias negativas, leía cuanto libro tuviera algo que ver con aventuras marineras. A bordo del Pequod, persiguió a la gran ballena blanca, sintió sobre cubierta el rítmico golpeteo de la muleta de John Silver, sobrevivió a innumeras batallas en las que generalmente estaba del lado de los piratas, fue perseguido por los fantasmas de Hope Hodgson y hasta estuvo en la Antártica con Sobral.
Por más que le contaran que el almirante Nelson, había dirigido la mayoría de sus batallas, desde su cucheta, vomitando y enfermo, no podía evitar la profunda depresión que sentía, al ver como morían sus sueños. Poco a poco se fue apartando de la gente, dejó sus estudios y lo único que hacía era recorrer bibliotecas en busca de nuevos libros. Así fue cayendo hasta terminar en lo que era hoy, un pobre infeliz que vivía una mentira, que al menos le permitía tomar algunas copas gratis.

Después de esta tragicómica confesión, el hombre, entrecerró los ojos y quedo inmóvil ajeno a todo lo que lo rodeaba.
Él sin decir una palabra, se levantó, pagó los tragos y salió lentamente.
Se había dado cuenta que lo escuchado, lo afectaba más de lo que podía esperase. De golpe comprendió el porqué. Veía con claridad reflejado su futuro, después de todo, había leído prácticamente los mismos libros, había imaginado infinidad de aventuras, se vestía como marinero y jamás se había decidido a subirse a un barco.
A la mañana siguiente la resolución ya estaba tomada. Presentó la renuncia a su empleo en el banco, produciendo un gran desconcierto entre familiares y amigos, que no podían entender su repentina decisión. A todas las preguntas respondía lo mismo, estaba resuelto a cambiar totalmente de vida, pero no estaba dispuesto a aclarar más nada.
Terminó de arreglar asuntos pendientes y un día, viendo al paylebot, María Luisa amarrado en el puerto, se presentó a su capitán. Le solicitó un puesto como tripulante, ofreciéndose en cambio a trabajar sin cobrar sueldo, durante dos viajes. Luego de los mismos, si ambos quedaban conformes y sobre todo, si él demostraba ser apto para el oficio de marinero, hablarían sobre su contratación definitiva.
El capitán, que acababa de desembarcar a un tripulante por enfermedad, aceptó la oferta encantado.
Así se convirtió por fin en marinero.

Bastaron unos pocos viajes para aprender muchas cosas. La primera de todas, fue que la vida a bordo, no tenía nada de romántica y que se trabajaba más de lo que hubiera pensado. El primer pampero que los tomó en medio del río, no sería un tifón, pero no le gustó nada. Menos aún, el agotador trabajo con los remos, para sacar al barco, de la varadura. Los canales eran bastante angostos y cambiantes.
Los puertos donde atracaban, eran bastante aburridos. Las mujeres escasas.
De todas formas estaba conforme, ya tenía libreta de embarque y podía intentar nuevos rumbos. Además el hecho de no haber sufrido ninguno de los males, de los que aquejaban al pobre viejo, lo llenaba de alegría.
No le fue tan fácil esta vez conseguir un nuevo trabajo, la oferta era mucha y la demanda poca, además su escasa trayectoria, lo relegaba en la lista de posibles embarques. Consiguió por fin, un puesto de ayudante de cocina o algo así, en el Cruz del Sur. Este era un gran barco factoría, que acababa de botar Perón. Seguramente su destino no sería los mares tropicales, que ansiaba conocer, pero por lo menos sería una nueva experiencia. Esta experiencia, en definitiva, le resultó menos agradable que la anterior, ya que no supo muy bien por qué, ni cómo, terminó, de cocinero, durante dos temporadas, en un establecimiento de balleneros en Grytviken, en las Georgias del Sur.
A su regreso a Buenos Aires, tenía varias cosas en claro.
La primera era que no quería oler grasa de ballena, ni comer carne de ballena por el resto de sus días. La segunda era que había comido suficiente pescado, como para los próximos cincuenta y cuatro años. Y por último, lo más importante, que estaba podrido de humedad, de agua y de jugar a ser marinerito. No quería que le hablaran más de inmensos mares ni de pequeños ríos. Lo único que realmente ansiaba, en ese momento, era pasar un montón de días, en la cama con una señorita bien oliente.
Una vez satisfecho este deseo, y viendo que sus fondos bajaban con demasiada rapidez, comprendió que debía buscar un nuevo trabajo.
Pronto se dio cuenta que no estaba dispuesto a volver a ser bancario, ni a estar encerrado en una oficina. Pese a lo malo de la experiencia anterior, le había tomado el gusto a la vida al aire libre y a los espacios abiertos. De golpe descubrió, que lo que realmente lo había impulsado a su loca aventura, era Buenos Aires. Lo agobiaba, lo ahogaba, ya no aguantaba más acá tampoco.

Dispuesto a cambiar nuevamente de vida y bastante interesado en alejarse de Bs.As., y del río, rumbeó para el interior de la provincia.
Tenía un pariente lejano, que vivía en la zona de Bragado. Siempre le había resultado un paisano muy macanudo, así que decidió visitarlo.
Si no conseguía algo por esos pagos, por lo menos, pasaría un tiempo en el campo. Al llegar, se sintió un poco molesto, lo primero que lo llevaron a conocer fue la laguna. En realidad, debió reconocer que no era lo suficientemente grande como para inquietarlo.
En general el lugar le resultó muy agradable, la gente encantadora y la carne abundante. A los pocos días de llegar, ya estaba trabajando.
En el pueblo, había un frigorífico que faenaba caballos. Parece ser que destinaban su carne, entre otras cosas, para la fabricación de mortadela. Si bien sus tareas eran de orden administrativas, el ambiente era mucho más distendido que el del banco y el resto de los empleados, eran verdaderos gauchos. Pronto aprendió a montar y una vez que tuvo su culo acostumbrado, se pudo dar el gusto de hacer largos paseos a caballo.
De a poco, consiguió que le permitieran acompañar, a los compradores
de animales. En esa forma conoció toda la provincia y gran parte de
La Pampa. Terminó hecho un verdadero entendido en equinos.
Así como antes se había mimetizado con los marinos, ahora era un auténtico gaucho. Botas, bombachas batarazas, faja y cinto con rastra,
pañuelo al cuello y para completar el atuendo, una boina pirenaica. Esta en recuerdo de su apellido materno.
Su verdadero descubrimiento, fue darse cuenta, que este mar de pasto, lo llenaba de gozo, mientras que, el de agua lo deprimía. Era ahora realmente feliz. Le gustaban los ratos que pasaba mateando, por las noches, en algún fogón con los arrieros o por las mañanas, con los paisanos en la matera de alguna estancia. Se divertía como un chico jugando a la taba o visteando con una alpargata, y en más de un boliche, lo consideraban un experto en el juego del sapo. Chinitas no faltaban en su deambular por los diferentes pueblos que visitaba.
A veces, hasta conocía a algún personaje interesante. En una oportunidad que anduvo por los pagos de Areco, le presentaron a un arriero, que decían, era famoso. Se trataba de un tal Segundo. A él le resultó un viejo plomo y grandilocuente. Se ve que el hombre no estaba en un buen día.

Enterados, que Stekelman, tenía bastantes caballos a la venta, se llegaron hasta el campo donde los guardaba. Estos estaban en el tambo de Morón, en la zona de los bajos, cerca del ombú. Después de haber inspeccionado a los animales y cerrado el trato, fueron hasta un boliche cercano. Éste, era una especie de pulpería, una de las últimas que quedaban en la zona.
Contentos por haber realizado un buen negocio, festejaron largo rato. Al salir, sintiendo ya los efectos de unas cuantas limetas, se tropezó con un hombre que entraba. Era un tipo bastante alto, flaco, vestido de negro, de bigote achinado y mirada torva. Él, medio caliente, lo enfrentó en actitud desafiante. El otro, simplemente lo apartó de un manotazo, sin darle la menor importancia. El acompañante del flaco, a la pasada, le dijo ¡Quedate tranquilo pibe, no te metas en líos al pedo! Esto lo puso como loco. Se le fue al humo, increpándolo de viva vos y haciendo ademán de sacar el facón de la cintura. Ante esta actitud, el hombre se paro y sacando de debajo del sacó, un revólver que tenía un caño como de sesenta centímetros, se lo apoyo en la frente, y sin una palabra apretó el gatillo.
El hombre de negro era Bairoleto.




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