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¡¡¡VAMOS CHILE MIECHICA!!!

1999 - Natalia

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Óleo sobre tela
0,40 x 0,50

2009 – Espantos del bosque

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Técnica mixta sobre tela
0,70 x 1,00

2009 - Temo que con esta tormenta se me caiga el techo sobre la cabeza

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Técnica mixta sobre tela
0,80 x 1,00

DESCUBRIMIENTO DE GRANDE INTERÉS CIENTIFICO

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Con verdadero orgullo damos a conocer hoy el artículo publicado por la revista Science en el Nº 589 del 29 de enero de 1933.
Aparentemente el mismo podría ser de autor anónimo ya que dado el mal estado en que se encontraba el ejemplar consultado, no fue posible corroborar si estaba firmado. Tampoco podemos afirmar que lo que aquí publicamos, fuera el total del trabajo original.
No obstante, se encontró guardada en los archivos de la redacción una carta dirigida al autor, que si bien no nos sirve para aclarar el nombre del mismo, por lo menos, nos hace suponer, con relativa certeza, que estaría completo.
Lamentablemente no nos fue posible hallar ningún ejemplar de la revista que estuviera en mejor estado de conservación pero pese a todo esto, dada la real importancia del tema, tomamos la resolución de ponerlo a consideración de nuestros lectores ya que creemos que será recibido con gran beneplácito.
Adjuntamos también la anteriormente citada carta que agrega información que pensamos, puede ser de interés.
La traducción fue realizada directamente del idioma original, por el eminente traductor, escritor y periodista Carlos Podestá

Tomado de la revista Pour Le Gallerie, de marzo de 2005.


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Descubrimiento de grande interés científico



Todo hace pensar que, para una persona medianamente normal sería imposible verse a sí mismo parado de espaldas. Esto haría, que fuera prácticamente imposible que se reconociera en caso de verse yéndose.
Sin embargo dicen, que si uno se para, durante un determinado espacio de tiempo, en un lugar específico de la ciudad de Greenwich, condado de Kent y luego corre velozmente, llegará a verse las espaldas. Cosa que aparentemente, es imposible en casi cualquier otro lugar del mundo.
Suponiendo que alguien quisiera comprobar este aserto, deberá tener en cuenta que serán varios los problemas que se le presentarán, el primero a resolver es hacia dónde correr.
Es evidente que no lo podremos hacer en dirección norte - sur y mucho menos de sur a norte, siguiendo el meridiano perteneciente a esa ciudad.
Fácilmente podríamos sentirnos tentados a hacerlo, ya que el mentado meridiano es fácilmente reconocible en aquella localidad. Pero, como es bien sabido, el paso por dos veces por el ecuador, más el paso por otras dos veces por los polos, suele producir serias alteraciones en la percepción de imágenes. Se ha dado el caso de un científico turco que sufrió graves problemas psicológicos al confundir su esbelta figura con la del rinoceronte del zoológico de la ciudad de Ámsterdam.
No nos queda entonces mas que intentarlo de este a oeste o viceversa. Aquí se nos plantean nuevos problemas. El primero es encontrar el paralelo, al que deberemos recorrer meticulosamente si es que queremos obtener resultados medianamente satisfactorios.
Sabemos del interés desmesurado de los habitantes de esta ignota región del planeta por los meridianos, así como su notorio desprecio por los paralelos, a los que consideran sumamente aburridos.
Comprenderéis entonces que no será fácil encontrar a alguien que nos sepa indicar la exacta ubicación del susodicho paralelo.
El siguiente, y nada menor problema, será saber en que dirección correr.
Tenemos sólo dos opciones, de este a oeste o de oeste a este, o sea, en el sentido de la rotación de la tierra, que sabe Dios cuál será, o en el contrario. En el primer caso, acompañando la rotación, nos encontraremos con que, al ser ésta de una velocidad muchísimo mayor a la que nosotros podríamos llegar a desarrollar, aún estando perfectamente entrenados, nuestros pasos serían cada vez más cortos, dado que la tierra se nos escaparía raudamente por debajo de nuestros pies. Por lo tanto, vemos que la única posibilidad que tenemos de llevar a cabo nuestro cometido es el contrario.
Alguien seguramente nos dirá que somos demasiado convencionales, que bien podríamos haber elegido cualquiera de las diagonales posibles. Esta era una idea que nos pareció muy interesante en un principio, pero que la descartamos prontamente, luego de leer el enjundioso trabajo que al respecto escribiera el reconocido filosofo alemán Olaf Albreech (*) de la Universidad de Maguncia.
Asevera él, que las diagonales, a más de ser poco elegantes, están siempre dispuestas a sumirnos en horribles confusiones.
Esto último podrá comprobarlo fácilmente cualquier persona que, desprevenidamente, intente sin la asistencia de un guía altamente calificado, trasladarse de un sitio a otro en la ciudad de La Plata.
Pese a todo, creo que la experiencia vale la pena. A mí me resulto sumamente satisfactoria.
Teniendo en cuenta que este es un trabajo de simple divulgación científica, no ahondaremos más en las diferentes dificultades con las que podríamos tropezar, las que deberán ser resueltas e investigadas por los que decidan afrontar el reto. Solamente haremos hincapié en una última reflexión: Recomendamos tener especial cuidado en la elección del calzado, ya que uno demasiado impermeable puede producirnos serios trastornos obligandonos a hacer uso de importantes cantidades de fungicidas; por el contrario, zapatos demasiado permeables, nos obligaría a efectuar gran parte del recorrido con los pies mojados, dado el terreno donde transcurriría nuestro periplo.-




Notas

(*) Olaff Albreech - Breve noticia biográfica.

Nació en el año de 1599, un poco antes de la revolución francesa, en la isla Spitsberg, archipiélago de Svalbard, posesión por aquel entonces del Reino de Noruega.
Sus padres eran un matrimonio de separatistas checos que, pese a esto, vivieron juntos muchísimo tiempo. Cuando cumplió los dos años, la familia se mudo a la zona de Handargevidda donde el padre instala el primer criadero de conejos de toda Europa.
Si bien desde niño mostró una gran predisposición por las ciencias ocultas, pronto comprendió, que siendo alemán, le resultaría extremadamente difícil aprender el extraño idioma que se hablaba en esas inhóspitas tierras. Se trasladó entonces a la ciudad de Viena, famosa ya por sus panes.
Allí trabajo en una panadería, donde aprendió el oficio.
Años después, emigro a la ciudad de Frankfurt. En ésta contrajo matrimonio con la hija de un acaudalado carnicero. (1)
Allí escribe su primer tratado ‘’De Cómo Aprovechar Los Deshechos Cárneos, Moliéndolos y Envasándolos Posteriormente En Finas Tripas En Cambio De Dárselos A Comer A Los Perros‘’. Éste, su primer invento, le haría ganar fama y mucho dinero al venderlo a los aborígenes, a su paso por Vinland (*)Nadie pudo saber el porqué, dichos aborígenes bautizaron, perros calientes, a los originalmente llamados frankfurters.
En el ínterin su esposa lo abandona escapándose con Egon Von Kroisbruck (2) que, como todos sabemos, era un trepador.
Despechado, se muda a la ciudad de Hamburgo, en la que aprovechando los conocimientos adquiridos anteriormente, realiza su segundo gran invento. Una mezcla de grasa y carne finamente molidas que, ante la falta de finas tripas, de las que se hallaba totalmente desabastecida la ciudad, decide aplastar, en pequeñas porciones, dándoles forma de medallones y colocarlas entre dos rodajas del pan que aprendiera a hacer en Austria. Nuevamente comercializa con marcado éxito su producto entre los aborígenes de Vinland, cansados ya de la mala calidad y elevado costo con que era comercializada la carne de búfalo. Años después esto se conocería como amburguesa.
Se radica, por fin, en Maguncia, donde oficia en la universidad cómo profesor de violín.
Escribe allí su más famoso tratado, a su vez el de mayor interés para nosotros: ´´Der Grosse Probleme Kuns Der Catetten Und Ipotenussen´´.
Lamentablemente se conserva un solo ejemplar, en una mala traducción al arameo antiguo, guardada celosamente por los monjes coptos del monasterio de la ciudad de Glendalough, en los montes Wicklow, en Irlanda.
Albreech, terminó sus días cómo Capel Maister del gran Duque de Estergom, en Magiarorszag, donde compuso sus más importantes piezas sacras y profanas, dos operas y varias sanatas para órgano. Falleció en el año 1844. (Nota del Autor)


(*) Vinland Nombre dado por los vikingos a la zona de América del Norte donde solían pasar sus vacaciones de invierno ( nota del traductor)



(1) Adele Evinrude Anne Riverstrasse. Dit Putitte, por sus más íntimos, se casó muy joven con Albreech. Éste era ya bastante mayor y sufría muy serios problemas de erección. Se llegó a comentar incluso, que en realidad llego a su primer gran invento, tratando de satisfacer las apremiantes necesidades de su joven esposa. No es de extrañar que esta, entonces, luego de un exhaustivo análisis de la por cierto, larga lista de sus amantes, optara por escaparse con el que, aparentemente, reunía las condiciones físicas y económicas más interesantes. Sin embargo, rápidamente tuvo que confesarse que su elección no había sido la más correcta. Paso así por una temporada en la que fue de desilusión en desilusión.
Ante tanto fracaso amoroso, consideró que ya era tiempo de poner en práctica una vieja idea tantas veces demorada. Viaja entonces a la ciudad de Bujumburu en Burundi, por entonces joven república centro africana, dónde se radica, consiguiendo rápidamente trabajo en un prostíbulo, allí por lo visto, encuentra la paz interior que tanto necesitaba.
Terminó sus días, en 1914, a los noventa y siete años, rodeada por el cariño y el respeto de sus discípulas, siendo por entonces la madama más conocida del lugar. Aún hoy podemos escuchar en boca de los más viejos, relatos sobre la mítica voracidad de aquella mujer blanca (N.del Autor)



(2) Egon Von Kroisbruk

Fue el elegido por Adele para escapar de su marido y de su padre. Era un joven bien parecido, no muy alto pero de buena contextura física, tremendamente pedante y con aire suficiente, cualidades todas estas que encantaron a la susodicha, sobre todo el hecho que hubiera heredado una importante fortuna.
Fortuna que su padre había amasado durante la guerra de Crimea, según algunos, en forma no muy honesta.
Sin embargo Egon, se embarcó en quiméricas expediciones hacia ignotas y borrascosas cumbres, donde dilapido su cuantiosa fortuna.
Esto fue lo que decidió a su amante a empacar cuanta cosa de valor hubiera en la casa y a desaparecer rápidamente.
Afligido y en total bancarrota, se establece, en Izmir importante localidad del Imperio Otomano, donde en calidad de mercenario, integra las huestes del Sultán Ali Jeorges Al Matorral, quien por entonces pretendía ser nombrado Emperador General y Protector de la Moral y las Buenas Costumbres. La última noticia que tenemos de él es que fue visto en la quema de la biblioteca de Alejandría, luego de lo cual se pierde todo rastro. ( N.A.)

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La carta encontrada

Faisalabad, 15 de enero de 2017. -


Estimado señor:

Con sorpresa he leído un artículo suyo en la prestigiosa revista Science.
Si bien debo entender, que como UD. aclara, sólo se trata de un trabajo de divulgación científica, me ha llamado poderosamente la atención el hecho de que en algunos aspectos profundizara tan poco y en otros su información fuera tan deficiente.
En el primer caso olvida u omite mencionar la necesidad de la realización de las debidas abluciones con aceites aromáticos y las aún más importantes oraciones al profeta, para que nos ayude y dé las fuerzas suficientes para nuestra empresa. No quisiera pensar que es UD. un impío cientificista.
Otro tema que no trata es el de la importancia del acabado conocimiento de los vientos del lugar, ya que estos serán de vital importancia a la hora de efectuar el recorrido. Si los tuviéramos de frente entorpecerían nuestro avance y de costado podrían hacernos salir de sobre el paralelo y la deriva llevarnos a perder totalmente el rumbo.
No deseo extenderme mucho más sobre estos temas, basten estas breves consideraciones para instarlo a UD. a continuar profundizando sus investigaciones ya que pienso que el tema es de gran importancia.
En realidad el principal motivo de esta carta es el enojo que he sentido, como imagino, lo habrá sentido cualquier otro ciudadano pakistaní que halla leído su artículo.
En el mismo hace referencia a Egon Von Kroisbruk, con bastante lgereza. Dice que fue visto en el incendio de la biblioteca de Alejandría y que luego de eso se pierde su rastro. Esto es una patraña maliciosamente inventada, seguramente por indúes infieles, ya que el nombrado, es nada menos que nuestro héroe nacional. Es cierto que estuviera presente en el incendio acompañando al Califa Osmar 1º, pero, como él mismo aclaró tiempo después, esos fueron pecados de juventud.
En verdad cuando nuestro héroe se instala en Izmir, lo hace tentado por la excelencia de sus higos, a los cuales era decididamente aficionado. También es cierto que se pone a las ordenes del Sultán Al- Matorral, llegando a obtener el grado de capitán de jenízaros. Este Sultán estaba obsesionado con la idea de conquistar el Irak, esgrimiendo para esto razones patrióticas, tratando de ocultar el hecho de que su único interés se centraba en las riquezas profundas de este territorio.
Luego de varios años de interminables guerras y luchas intestinas y ante la toma de Izmir por los griegos, decide emigrar. El sultán, escapa de la ciudad y después de un largo peregrinar, se instala en Alabama, naciente estado, donde sus descendientes para pasar desapercibidos, traducen al inglés su apellido, el que pasa a ser desde ese momento Bush.
Von Kroisbruk deambula un tiempo por Anatolia pero, perseguido intensamente por los Jóvenes Turcos, se dirige al valle del Indo y se establece en la, por entonces, pujante ciudad de Mohenjo-Daro. Allí se dedica a la fabricación de sellos, pero pronto sus inquietudes políticas lo llevan a formar el partido Ario-Islámico de Reconstrucción Nacional. Al frente de éste contribuye al engrandecimiento del futuro país. Gracias a su decidida actuación, son anexados los territorios de Cachemira. Esto hace que se constituya en el lugar una importante industria de pulloveres, que beneficiaron grandemente la economía de V.K.
Pese a continuar con su incansable tarea por el engrandecimiento del país, debido a las constantes peleas con el administrador de la Compañía Británica De Las Indias Orientales, motivadas en repartos de comisiones mal liquidadas, resuelve trasladarse a Harappa, ciudad a la que él mismo, había colocado su primera piedra, donde rodeado de sus esposas, amantes y concubinas, e innumerable cantidad de hijos, fallece a los 139 años.
Comprenderá ahora el porqué de mi enojo al ver ignorado al más preclaro paladín de nuestra historia patria.
Esperando que mi aclaración sirva para la mejor comprensión de la historia de mi país, quedo a sus gratas ordenes.
Sin otro particular y alentándolo a continuar con sus estudios ya que somos muchos los interesados en el tema, le saludo a UD. atte.
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Fazal Elahi Chaudhy


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Nueva carta recibida en nuestra redaccion


Klaípeda, 19 de abril de 1987

Ref.: Articulo Grande interés científico

Señor Director
De la revista
“Pour le Gallerie”

Estimado Sr.:
He leído con sumo interés, en su revista, del mes de marzo de 2005, la trascripción del artículo de la revista Science, Nº 589 del 29/1/1933.
Indudablemente vuestra publicación es sumamente popular en mi país, Lietuva, o Lituania como lo denomináis vosotros.
Los abatares políticos de los últimos tiempos, han hecho que, lamentablemente, tuviera que prescindir del servicio doméstico, por lo tanto, debo hacer personalmente las compras. Esto, que de por sí no es para nada agradable, sin embargo, tiene sus ventajas. Los envoltorios, hechos con papel de periódicos y revistas, me proveen de material de lectura gratuito. El litas, con la inflación, ha caído mucho frente al dólar y eso hace, que también tuviera que pedir al diarero, que no dejara más los diarios todas las mañanas. Por supuesto di como excusa, que el vecino me los robaba.
En uno de aquellos envoltorios, leí el citado artículo. Imaginaréis la sorpresa, cuando pocos días después, habiendo ido a comprar dos kilos de papas, Encontré, en el papel de diario que los envolvía, una nota sobre el mismo tema.
Se trataba de un viejo periódico de la ciudad de Vilna, en el se relataba la notable hazaña, de un ciudadano habitante de la misma.
Su nombre era Algirdas Brazauskas, y por el relato se podría inferir, que fuera el autor del articulo original.
Decidido a investigar un poco mas sobre el tema, resolví trasladarme a Vilna.
Aprovechando que un vecino, debía viajar a esa ciudad en su moto, le pedí que me llevara. Allá tenía parientes que no tendrían inconveniente en alojarme.
Después de un viaje pletórico de inconvenientes y problemas de todo tipo, que no vienen al caso detallar en ésta, llegamos por fin a la ciudad.
Mi primera desilusión fue enterarme que el Vilna Presse, no se publicaba ya, desde hacía muchos años. Su antiguo edificio era ahora un supermercado. Ninguna de las personas a las que interrogué, tenía la menor idea de quién había sido el tal Brazauskas y mucho menos, de su otrora gloriosa hazaña.
Resuelto a no dejarme vencer tan fácilmente y dado que no tenía nada mejor que hacer, hasta tanto no consiguiera la forma de regresar a mi casa, seguía preguntando a cuanta persona tuviera cerca.
De pura casualidad, un día que había ido al supermercado a comprar unos arenques, resultó que el cajero que tenía que cobrarme, era el nieto del periodista que escribiera el artículo del viejo periódico y el que había entrevistado, en varias oportunidades, a Algirdas.
Un poco incrédulo, por el hecho de que alguien le preguntara por acontecimientos ocurridos hacía tantos años y a la vez contento de poder contar cosas, que tanto le interesaron, en su momento, a su abuelo, me invitó a visitarlo en su domicilio.
El abuelo había muerto hacía ya algunos años, pero él guardaba algunos de sus papeles y notas. Además, el viejo periodista, le había hablado bastante sobre el tema.
Esa noche fui a visitar a mi informante. Tomamos té y una buena vodka. Tenía un hermoso y grande samovar de bronce, herencia también de su abuelo.
Resumiré lo conversado aquella noche.

Aparentemente, si bien de padres lituanos, Algirdas Brazauskas, habría nacido en la pequeña ciudad de Salocgriva, en Latvija, Letonia para vosotros, durante unas vacaciones de verano.
Parte de su infancia, no se sabe muy bien porqué, la habría pasado en Tallin, Eesti, Estonia, para vosotros.
Desde muy niño demostró su gran interés por las ciencias y los deportes. Su primer gran amor, fue su profesora de ciencias naturales, para luego, enamorarse perdidamente, de la profesora de gimnasia.
Parecería, que una vez instalado en Vilna, luego de la lectura de un viejo manuscrito, nace su verdadero interés, por investigar y llevar a cabo, la que luego sería su gran epopeya.
El manuscrito de referencia habría sido encontrado por su tío abuelo, según algunas versiones, en un monasterio de las islas Saaremas, llamadas también Ösel o según otras, en las islas Hiiumaa.
Estaba escrito en una antigua lengua ugrofinesa, lo que obligó, a nuestro héroe a realizar intensos estudios de la misma, para poder traducirlo correctamente.
Su autor, un monje, aparentemente llamado Roolff Tiit Savisaar, lo habría escrito a mediados del siglo XIII, durante la dominación del país, por parte de los caballeros de la Orden Teutónica.
El mayor problema radicaba, en que según la interpretación que se hiciera, del texto, podía resultar, que se debía correr sobre las manos o bien hacia atrás. En ambas circunstancias, hubiera sido muy problemática y engorrosa, la posibilidad de llevar a cabo la experiencia.
Mientras trataba de desentrañar los misterios y contradicciones del manuscrito, se dedicó a estudiar cosmografía, astrofísica y se doctoró en Geometría Plana Descriptiva.
No descuidó tampoco el acabado conocimiento de la astrología. En esta materia, parecería, que se convirtió, en un verdadero sabio. Según algunos, las mayores personalidades de su época, lo consultaban y le pedían que confeccionara sus cartas astrales.
Para comenzar con su entrenamiento físico, todas las mañanas salía a correr un poco. Solía desayunar, a veces en Oslo, otras veces en Helsinki. Si el tiempo estaba bueno, se llegaba a almorzar hasta Ámsterdam y visitaba a una cierta señorita que vivía en el barrio rojo. Estas visitas, sumadas al duro entrenamiento, hicieron que su flacura fuera francamente alarmante. Comenzó entonces a hacer varias paradas por día, para alimentarse. Ahora, su mayor preocupación era que, una vez acometida la empresa para la cual se preparaba, en llegando, no se viese o reconociese, por lo magro de su aspecto.
Por fin se sintió listo para partir. Al mediodía de un día de junio, salió del Observatorio de Greenwich, a gran velocidad, rumbo a su destino. Fue un verdadero fracaso, cuando llegó al punto de partida, su imagen, hacía largo rato había partido y venía pisándole los talones.
Debió reconocer, que gran parte de su fracaso, se debió a la mala elección, del horario de partida. El intenso calor de la hora, lo había hecho transpirar en demasía y las gotas de sudor que le entraban en los ojos, le nublaban la vista, haciendo que en varias oportunidades se fuera del rumbo prefijado.
Lo intento nuevamente al mes siguiente. Esta vez el éxito fue rotundo. Algunos apostadores, ganaron ese día, muchísimo dinero, las apuestas estaban quince a uno en su contra.
Lamentablemente, él no pudo gozar mucho tiempo de su éxito. Su estado físico era realmente deplorable. Se había convertido en una débil sombra. Con gran esfuerzo asistió a algunos de los homenajes que le hicieron sus conciudadanos y a los reportajes del abuelo. Día a día lo veían consumirse más y más, hasta que por fin, según dijeron algunos de sus vecinos, simplemente desapareció. Otros en cambio aseguraron haber visto, cuando un mal viento, se lo llevo con rumbo desconocido. Nunca se supo más nada de él y por último la gente había terminado olvidándolo.

Esta es toda la información que pude recoger. Creo que servirá para aclarar dudas, tanto de ustedes, como de sus lectores.
Espero que sigan en la senda de servir al conocimiento de los hechos científicos, que son de verdadero interés popular.
Sin otro particular y en la convicción de haber aportado mi granito de arena, me despido de Ud. Atte.

Vitautas Smetona




________________2006



ALGO DE OLIVERIO GIRONDO

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¿Que las poleas ya no se contentan con devorar millares y millares de meñiques?
¿Qué las maquinas de cocer amenazan zurcirnos hasta los menores intersticios?
¿Qué la depravación de las esferas terminará por degradar a la geometría?
Es bastante intranquilizador- sin duda alguna- comprobar que no existe ni una hectárea sobre la superficie de la tierra que no encubra cuatro docenas de cadáveres; pero de allí a considerarse una simple carnaza de microbios… a no concebir otra aspiración que la de recibirme de calavera…
Lo cotidiano podrá ser una manifestación modesta de lo absurdo, pero aunque Dios – reencarnado en algún sacamuelas- nos obligara a localizar todas nuestras esperanzas en los escarbadientes, la vida no dejaría de ser, por eso, una verdadera maravilla.

¿Qué nos importa que los cadáveres se descompongan con mucha más facilidad que los automóviles?
¿Qué nos importa que familias enteras - ¡llenas de señoritas! – fallezcan por un excesivo amor a los hongos silvestres…
El solo hecho de poseer un hígado y dos riñones ¿no justificaría que nos pasáramos los días aplaudiendo a la vida y a nosotros mismos? ¿Y no basta con abrir los ojos y mirar que la realidad es, en realidad, el más auténtico de los milagros?
Cuando se tienen los nervios bien templados, el espectáculo mas insignificante – una mujer que se detiene, un perro que husmea una pared – resulta algo tan inefable….es tal el cúmulo de coincidencias, de circunstancias que se requieren – por ejemplo –para que dos moscas aterricen y se reproduzcan sobre una calva, que se necesita una impermeabilidad de cocodrilo para no sufrir al comprobarlo, un verdadero sincope de admiración.
De ahí ese amor, esa gratitud enorme que siento por la vida, esas ganas de lamerla constantemente, esos ímpetus de prosternación ante cualquier cosa… ante la estatuas ecuestres, ante los tachos de basura…
De ahí ese optimismo de pelota de goma que me hace reír, a carcajadas, del esqueleto de las bicicletas, de los ataques al hígado de los limones; esa alegría que me incita a rebotar en todas las fachadas, en todas las ideas, a salir corriendo - ¡desnudo! – por los alrededores para hacerles cosquillas a los gasómetros… a los cementerios…
Días, semanas enteras, en que no logra intranquilizarme ni la sospecha de que a las mujeres les pueda nacer un taxímetro entre los senos.
Momentos de tal fervor, de tal entusiasmo, que me lo encuentro a Dios en todas partes, al doblar las esquinas, en los cajones de las mesas de luz, entre las hojas de los libros y en que, a pesar de los esfuerzos que hago por contenerme, tengo que arrodillarme en medio de la calle, para gritar con una voz virgen y ancestral:

“¡Viva el esperma… aunque yo perezca!”


Oliverio Girando
ESPANTA PAJAROS
(Al alcance de todos)
1932



1991 – Nortazo

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Óleo sobre tela
0,60 x 0,80

2009 – Orgía de espantos en el club campestre

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Técnica mixta sobre tela
0,80 x 1,20

2009 – Titania

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Técnica mixta sobre cartón
0,70 x 1,00

Notas para mi libro sobre la vida y obra de Vercelius

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El contramaestre de “La Impredescible”, se llamaba Junius Dragomir Vercelius.
Había nacido en la ciudad de Osijek, en Eslabonia. No sabemos bien la fecha, pero creemos que fue poco tiempo después de la caída del Imperio Romano.
Desde joven demostró estar hecho de buena madera.
Si bien su padre había formado parte del primer gobierno Ustachi, él, ya desde los tiempos en que era alumno de humanidades en el colegio de Beauvais en Paris, habría sentido gran atracción por ideas de extrema izquierda. Esto daría motivo, seguramente, a frecuentes choques con su profesor de retórica, el sabio y muy pedante, Juan Granvier.
A este último lo inmortalizó Cyrano de Bergerac, en su obra "El Pedante Burlado", de donde se dice, que se inspiró Moliere, para una parte de la suya, "Las Marrullerías de Scapin".

No encontramos registro alguno, de cómo ni porqué, Junius, sale de ese hermoso rincón de las provincias Ilíricas, con sus fantásticos bosques, reino del dios Oberon, cantados por Shakespear en "El Sueño de una Noche de Verano", para ir a estudiar a París y mucho menos aún el porqué, deviene en marinero.

La Impredescible, era un hermoso barco.
Había sido construído en astilleros de Portsmouth en 1765, con el nombre de Golden Mistress, color predominante en su pintura al momento de ser botado. Más adelante este color sería cambiado por un tono verde inglés, muy de moda en la época.
Era un espléndido navío de línea de primera clase, con tres puentes de artillería, ciento dos cañones y una tripulación de ochocientos sesenta hombres, todos elegantemente vestidos.
Sin embargo tenía un defecto, en navegación su comportamiento era totalmente errático. Algunas veces con una leve brisa que no alcanzaba a mover las velas, mantenía una marcha de siete a diez nudos, en cambio otras, en las que soplaba un frescachón, no llegaba a los cuatro nudos. Su derrota era difícil de precisar, había veces, que con un viento por la aleta o al largo, se iba de ronza derivando y yéndose totalmente de rumbo, otras, con un fuerte través se mantenía como si lo tuviera de popa.
Este extraño comportamiento daba a pensar a la tripulación, que sus actos eran volitivos. Por esta causa, el capitán español, Don Juan de la Cruz Molleja y Pardinez, le cambió el nombre por el de La Impredescible.
Este capitán había tomado el mando, cuando los españoles quitaron el barco a los ingleses, durante la batalla de Port Said.
Cuando los holandeses la recibieron de los españoles, como parte de pago de una deuda que tenía la corona española con la holandesa, su nuevo capitán, Jan Van Der Kraquen, estuvo de acuerdo en mantenerle ese nombre.

Tampoco hemos podido averiguar cómo fue que el joven Junius Dragomir, llega a tener el grado de contramaestre, en este importante barco, tripulado por rubios y robustos holandeses.
Es posible que antes de este cargo, haya revistado en la tripulación del pirata Morgan y de ser así, seguramente participó del ataque a Panamá. Es probable que si esto fuera verdad, pudiera haber comprado el título, con parte del botín conquistado.
Pero, debemos tener en claro, que todo esto bien podría tratarse de infundios, distribuídos para desprestigiar al joven croata, del que sé, sí se sabe, que era muy estricto en el cumplimiento de su deber y afecto a prodigar abundantes latigazos a los que no eran cuidadosos en sus tareas.
Además de todo esto, según algunas versiones que hemos podido recoger, era muy envidiado por sus compañeros por ser muy alto y buen mozo, de él se enamoraba cuanta mujer frecuentara los puertos donde amarraba el barco.

Sin embargo, en relatos recogidos en La Española y en Port Royal, encontramos referencias que dan cuenta de la existencia de un tal Dragón Vercelis. Famoso en aquellos tiempos por su ferocidad.
Dicen también, que algo se dice de él, en el libro de Alexander Olivier Exguendin, "Bucaneros de América" de 1678. No he podido corroborarlo. Aparentemente, este autor no sería otro que Alexander Olivier Oexmelin, y el libro "Piratas de la América", su verdadero nombre, según consta en la portada, de la primera edición en castellano, publicada en l681, con traducción del flamenco al castellano, por el Dr. De Buena Maison. Sea como sea, en el Diario de este autor, publicado pocos años después, no aparece nombrado nadie llamado Dragón Vercelius o Vercelis.

En los escasos restos de un diario de viajes, hallado en una vieja taberna en Llanrhymny, pueblo ubicado en Gales, cuyo autor podría ser nuestro héroe, encontramos algunos datos interesantes. Al menos a él se lo atribuyen autores de diferentes países. A nosotros nos parece un tanto aventurado este aserto, por ser justamente, la mayoría de estos autores, de dudosa confiabilidad y casi con absoluta seguridad, los datos fueron repetidos de uno a otro, sin el menor intento de comprobación.
Lo único que encontramos, que realmente nos llama la atención de esto, es la extraña coincidencia, de que éste sea el pueblo de donde, probablemente, fuera originario el famoso pirata Morgan.
De lo poco legible de este manuscrito, podríamos llegar a inferir, que Junius, se habría sentido interesado, en repetir lo acontecido en el Bounti, aunque lo atemorizaría el desenlace, por la forma brutal con que fueran reprimidos los habitantes de Botani Bay, por los ingleses. De todas formas, podría llegarse a pensar, que la idea de adueñarse de la nave y dedicarse con ella a la piratería, le atraía mucho.
Por ahora, hasta tanto no tengamos mayores pruebas, esto lo dejaremos en el terreno de las suposiciones.
Se nos hace difícil pensar que un joven tan hermoso, como dicen que era, con sus largos cabellos rubios al viento y proveniente de una buena familia, pudiera ser capaz de tan desagradables ideas.

Algunos de estos autores, son los mismos que critican mis libros, diciendo que son nada más que un montón de chiméntos.
Esto me pone bastante mal.
Yo he estudiado letras y me documento bien antes de escribir nada, no como ellos.
El hecho de ser hija del peluquero del barrio y que mi madre fuera la dueña de la verdulería no les da ningún derecho a llamarme vulgar chimentera._
_________________________2006

ODA A LA PACIFICACIÓN

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No se hasta donde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz
pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan pólizas contra la pacificación
y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no quieran ser pacificados.

cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar y a veces hasta pacifican a dos pájaros de un tiro.

es claro que siempre hay algún necio que se niega
a ser pacificado por la espalda
o algún estúpido que resiste la pacificación a fuego lento

en realidad somos un país tan peculiar
que quien pacifique a los pacificadores un buen pacificador será.


Mario Benedetti


1999 - Los ingleses

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Óleo sobre tela
0,53 x 0,675

1996 - La ventana florida

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Acrílico sobre composé de telas.

0,80 x 1,00

Diría Alberto Balaguer Mendoza

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Hay diferentes tipos de muertos
Están los muertos muertos, esos son muertos.
Están los muertos vivos, esos son zombies.
Están también los muertos que se quieren hacer los vivos,
esos son Duhalde

2009 – Lo stesso diverso

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Técnica mixta sobre tela
1,00 x 1,30
29 de enero de 2010
...

HOY CUMPLO MIS PRIMEROS SETENTAYSIETE AÑOS

1952 – Alejandra

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Óleo sobre carton tela

0,30 x 0,40

ODA A LA PACIFICACIÓN

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No se hasta donde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz
pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan pólizas
contra la pacificación
y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no quieran ser pacificados.

cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar y a veces hasta pacifican a dos pájaros de un tiro.

es claro que siempre hay algún necio que se niega
a ser pacificado por la espalda
o algún estúpido que resiste la pacificación a fuego lento

en realidad somos un país tan peculiar
que quien pacifique a los pacificadores un buen pacificador será.


Mario Benedetti

El paylebot

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Le encantaba pasearse por el puerto.
Los barcos fondeados en la rada o los amarrados a sus muelles, lo hacían soñar con viajes a ignotos países. Estos países en general, tenían palmeras, aguas cálidas y extensas playas, por donde paseaban gran número de hermosas y casi desnudas mujeres, que le sonreían incitantes.

Le llamó la atención un lindísimo paylebot, que se hallaba fondeado a cierta distancia de la costa. Tenía dos altos palos con masteleros y enormes velas cangrejas Una carreta de altas ruedas, llevaba a un grupo de pasajeros para embarcase. Se veía que estaba listo para partir. Seguramente debía ir al puerto de Conchillas, de donde traería arena. Era el Gloria, tiempo después se enteraría que había sido vendido y sus nuevos dueños le cambiarían el nombre por el de Roca XVII.
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Era intenso en esos tiempos, el transito de chatas y barcos de todo tipo, entre la costa uruguaya y Buenos Aires. La mayoría transportaba arena y piedra desde Conchillas o desde las canteras del Rosario, para la construcción del puerto de esta margen del Río de la Plata. Además el vapor de la carrera, salía del puerto de Bs.As. con rumbo a Colonia, Conchillas y Soriano, este último sitio era el elegido por muchas familias acaudaladas porteñas, para pasar vacaciones. De allá se hacían traer barriles con agua. Se creía que estas aguas tenían cualidades curativas para males varios.
Pese a que la construcción recién se iniciaba, ya se veían amarrados a sus muelles, a un carguero de la Delta Lines, a un enorme trasatlántico de la línea “C” y enfrente a un tremendo porta contenedores, recién llegado de Hamburgo. Mas allá, acababa de partir el catamarán a Punta del Este, casi al mismo tiempo que Buquebus, anunciaba su salida, con rumbo a Colonia.
Ahora, atrajeron su atención, unas chatas, de las que descargaban caolín. Recién llegaban de Holanda. Allá habían construido los cascos a pedido de una empresa argentina. No contaban con motor, ni obra muerta, se tenían que terminar acá. Para poderlas traer, les habían colocado palos, caolín como lastre y a vela, sin ningún instrumento
familias completas, habían navegado hasta aquí.

Amaba ese ancho y marrón río. No alcanzaba a comprender, cuál podía ser el interés de achicarlo. Los rellenos que se estaban haciendo para construir la costanera norte, le resultaban absurdos.
Habían destruido, prácticamente, la hermosa costanera sur, permitiendo rellenos para hacer la ciudad deportiva de Boca, con esa espantosa confitería y en cambio habían cerrado la Munich, que era hermosa.

Se fue caminando despacito para el bajo. Le gustaba recorrer los barcitos y piringundines que por esos lados había.
Lo atraían esos lugares siempre llenos de marineros y putas. Allí escuchaba hablar en los más exóticos e incomprensibles idiomas, que hacían volar su imaginación mas allá del mar.
Hacía ya un tiempo, en uno de ellos, se había puesto a charlar con un viejo marino, que decía haber quedado varado en Bs.As.
Cada tanto se lo encontraba y tras pagarle algunas copas, lo escuchaba, embobado contar sus aventuras en los siete mares. Algunas veces, le resultaban sospechosamente similares a algunos cuentos de Conrad, rondaban por allí Lord Jim, Tifón y hasta creyó reconocer al Gordon Pinn, de Poe.
No obstante haberse convencido de los macaneos del viejo, le encantaba escuchar sus relatos, los decía con mucha gracia y sentido del humor.
A veces se le iba la mano, un día contó pormenorizadamente, unas operaciones y amputaciones, realizadas en alta mar, que era evidente que habían salido del libro de Oexmelin.

Sin darse cuenta, él, había ido copiando la forma de moverse, los gestos y expresiones y hasta la forma de vestirse de muchos de estos lobos de mar. Le resultaba divertido y muy agradable cundo alguna de las, llamémoslas, señoritas trabajadoras, lo trataban como si fuera él, tripulante de alguno de esos grandes navíos llegados de ultramar. Generalmente, cuando se le acercaban con caras mimosas y voces melifluas, solía contestarles en un inglés champurreado, excusándose por tener que embarcarse en poco rato más. Ellas estaban siempre dispuestas a creerse cualquier cosa, siempre que pensaran, que en los bolsillos había dólares. Ante cualquier sospecha de que no era ese el caso, perdían todo interés y dirigían su atención a otro parroquiano.

Una noche, en que las copas habían sido más que las de costumbre, notó que del bolsillo del raído gabán del viejo, se asomaban unos libros.
A esta altura los dos estaban bastante borrachos. Viendo que el otro,
ya no sabía muy bien lo que decía, ni dónde estaba, se los sacó, lo más suavemente que le fue posible. Eran dos pequeños y ajados tomos. Uno era el "Billy Budd, Marinero", de Melville y el otro, "El bote abierto", de Stephen Crane.
Pese a su estado, el viejo se dio cuenta de lo que ocurría y a los manotazos, trato de recuperar lo que le pertenecía.
Él, que de haber estado fresco no lo hubiera hecho, se le rió en la cara y lo trató de macaneador mentiroso que contaba historias ajenas, para que algún estúpido, le pagara unos tragos.
Ante estas serias acusaciones, el pobre hombre, se quedó unos segundos como confundido, para prorrumpir luego en un patético llanto. Luego de esto y tras recomponerse lo mejor posible, confesó que todo lo que le decía era cierto, pero que si se lo permitía y tenía ganas de escucharla, le contaría su verdadera y triste historia.

Había nacido en la ciudad de Córdoba, donde pasó parte de su infancia. Aún recordaba un paseo que había hecho con sus padres, cuando tenía seis años. Fue cuando conoció el lago de Carlos Paz. No podía imaginar que existiera en todo el mundo, un lugar con tanta agua. Al cumplir los diez años, se mudaron a Buenos Aires. Con admiración conoció el Río de la Plata. Esa enorme superficie de agua surcada por infinitos veleros y grandes barcos.
Ya para entonces navegaba, gracias a Salgari, junto al Corsario Negro y a Sandokan. Poco tiempo después haría Veinte mil leguas con Verne.
Pero lo que realmente lo marcaría para toda su vida, fue cuando a los quince años, veranearon en Mar del Plata. El espectáculo de ese maravilloso mar, visto por primera, y aunque él no lo supiera, última vez, lo dejaron anonadado. Allí, resolvió solemnemente, dedicar su vida a navegar los siete mares.
De regreso en Bs.As., se le presento por fin la oportunidad de embarcase. Fue un día que cruzó el Riachuelo en bote. Llegó a la otra orilla, sintiéndose bastante descompuesto. Lo achacó al espantoso olor que salía de esa agua negra y podrida.
La segunda oportunidad la tuvo, cuando sus padres, resolvieron hacer un paseo por el Delta. La posibilidad de poder tomar una lancha colectiva lo llenaba de alegría. Cuando llegaron al embarcadero de Tigre, la visión de tantas lanchas que iban y venían, le produjo una sensación de tremenda excitación y no veía el momento de estar en una de ellas. Lamentablemente, una vez embarcados, no pudieron hacer mucho camino. Apenas salidos del puerto, cuando recién encaraban el Lujan rumbo al Carapachay, el timonel, pegó la vuelta y los desembarcó en la primer escalera del muelle. Él ya había vomitado encima de todos los pasajeros y tripulantes.
Pasó una semana tremenda, bastaba con recordar los movimientos de la lancha, para que no pudiera retener alimento alguno en el estomago.
La siguiente vez que pisó la cubierta de una embarcación, fue durante una visita que junto a sus compañeros de colegio, realizó a la fragata Sarmiento. Lo tuvieron que bajar entre dos marineros, mientras, el resto de los visitantes, seguía patinándose a bordo.
Pese a todas estas experiencias negativas, leía cuanto libro tuviera algo que ver con aventuras marineras. A bordo del Pequod, persiguió a la gran ballena blanca, sintió sobre cubierta el rítmico golpeteo de la muleta de John Silver, sobrevivió a innumeras batallas en las que generalmente estaba del lado de los piratas, fue perseguido por los fantasmas de Hope Hodgson y hasta estuvo en la Antártica con Sobral.
Por más que le contaran que el almirante Nelson, había dirigido la mayoría de sus batallas, desde su cucheta, vomitando y enfermo, no podía evitar la profunda depresión que sentía, al ver como morían sus sueños. Poco a poco se fue apartando de la gente, dejó sus estudios y lo único que hacía era recorrer bibliotecas en busca de nuevos libros. Así fue cayendo hasta terminar en lo que era hoy, un pobre infeliz que vivía una mentira, que al menos le permitía tomar algunas copas gratis.

Después de esta tragicómica confesión, el hombre, entrecerró los ojos y quedo inmóvil ajeno a todo lo que lo rodeaba.
Él sin decir una palabra, se levantó, pagó los tragos y salió lentamente.
Se había dado cuenta que lo escuchado, lo afectaba más de lo que podía esperase. De golpe comprendió el porqué. Veía con claridad reflejado su futuro, después de todo, había leído prácticamente los mismos libros, había imaginado infinidad de aventuras, se vestía como marinero y jamás se había decidido a subirse a un barco.
A la mañana siguiente la resolución ya estaba tomada. Presentó la renuncia a su empleo en el banco, produciendo un gran desconcierto entre familiares y amigos, que no podían entender su repentina decisión. A todas las preguntas respondía lo mismo, estaba resuelto a cambiar totalmente de vida, pero no estaba dispuesto a aclarar más nada.
Terminó de arreglar asuntos pendientes y un día, viendo al paylebot, María Luisa amarrado en el puerto, se presentó a su capitán. Le solicitó un puesto como tripulante, ofreciéndose en cambio a trabajar sin cobrar sueldo, durante dos viajes. Luego de los mismos, si ambos quedaban conformes y sobre todo, si él demostraba ser apto para el oficio de marinero, hablarían sobre su contratación definitiva.
El capitán, que acababa de desembarcar a un tripulante por enfermedad, aceptó la oferta encantado.
Así se convirtió por fin en marinero.

Bastaron unos pocos viajes para aprender muchas cosas. La primera de todas, fue que la vida a bordo, no tenía nada de romántica y que se trabajaba más de lo que hubiera pensado. El primer pampero que los tomó en medio del río, no sería un tifón, pero no le gustó nada. Menos aún, el agotador trabajo con los remos, para sacar al barco, de la varadura. Los canales eran bastante angostos y cambiantes.
Los puertos donde atracaban, eran bastante aburridos. Las mujeres escasas.
De todas formas estaba conforme, ya tenía libreta de embarque y podía intentar nuevos rumbos. Además el hecho de no haber sufrido ninguno de los males, de los que aquejaban al pobre viejo, lo llenaba de alegría.
No le fue tan fácil esta vez conseguir un nuevo trabajo, la oferta era mucha y la demanda poca, además su escasa trayectoria, lo relegaba en la lista de posibles embarques. Consiguió por fin, un puesto de ayudante de cocina o algo así, en el Cruz del Sur. Este era un gran barco factoría, que acababa de botar Perón. Seguramente su destino no sería los mares tropicales, que ansiaba conocer, pero por lo menos sería una nueva experiencia. Esta experiencia, en definitiva, le resultó menos agradable que la anterior, ya que no supo muy bien por qué, ni cómo, terminó, de cocinero, durante dos temporadas, en un establecimiento de balleneros en Grytviken, en las Georgias del Sur.
A su regreso a Buenos Aires, tenía varias cosas en claro.
La primera era que no quería oler grasa de ballena, ni comer carne de ballena por el resto de sus días. La segunda era que había comido suficiente pescado, como para los próximos cincuenta y cuatro años. Y por último, lo más importante, que estaba podrido de humedad, de agua y de jugar a ser marinerito. No quería que le hablaran más de inmensos mares ni de pequeños ríos. Lo único que realmente ansiaba, en ese momento, era pasar un montón de días, en la cama con una señorita bien oliente.
Una vez satisfecho este deseo, y viendo que sus fondos bajaban con demasiada rapidez, comprendió que debía buscar un nuevo trabajo.
Pronto se dio cuenta que no estaba dispuesto a volver a ser bancario, ni a estar encerrado en una oficina. Pese a lo malo de la experiencia anterior, le había tomado el gusto a la vida al aire libre y a los espacios abiertos. De golpe descubrió, que lo que realmente lo había impulsado a su loca aventura, era Buenos Aires. Lo agobiaba, lo ahogaba, ya no aguantaba más acá tampoco.

Dispuesto a cambiar nuevamente de vida y bastante interesado en alejarse de Bs.As., y del río, rumbeó para el interior de la provincia.
Tenía un pariente lejano, que vivía en la zona de Bragado. Siempre le había resultado un paisano muy macanudo, así que decidió visitarlo.
Si no conseguía algo por esos pagos, por lo menos, pasaría un tiempo en el campo. Al llegar, se sintió un poco molesto, lo primero que lo llevaron a conocer fue la laguna. En realidad, debió reconocer que no era lo suficientemente grande como para inquietarlo.
En general el lugar le resultó muy agradable, la gente encantadora y la carne abundante. A los pocos días de llegar, ya estaba trabajando.
En el pueblo, había un frigorífico que faenaba caballos. Parece ser que destinaban su carne, entre otras cosas, para la fabricación de mortadela. Si bien sus tareas eran de orden administrativas, el ambiente era mucho más distendido que el del banco y el resto de los empleados, eran verdaderos gauchos. Pronto aprendió a montar y una vez que tuvo su culo acostumbrado, se pudo dar el gusto de hacer largos paseos a caballo.
De a poco, consiguió que le permitieran acompañar, a los compradores
de animales. En esa forma conoció toda la provincia y gran parte de
La Pampa. Terminó hecho un verdadero entendido en equinos.
Así como antes se había mimetizado con los marinos, ahora era un auténtico gaucho. Botas, bombachas batarazas, faja y cinto con rastra,
pañuelo al cuello y para completar el atuendo, una boina pirenaica. Esta en recuerdo de su apellido materno.
Su verdadero descubrimiento, fue darse cuenta, que este mar de pasto, lo llenaba de gozo, mientras que, el de agua lo deprimía. Era ahora realmente feliz. Le gustaban los ratos que pasaba mateando, por las noches, en algún fogón con los arrieros o por las mañanas, con los paisanos en la matera de alguna estancia. Se divertía como un chico jugando a la taba o visteando con una alpargata, y en más de un boliche, lo consideraban un experto en el juego del sapo. Chinitas no faltaban en su deambular por los diferentes pueblos que visitaba.
A veces, hasta conocía a algún personaje interesante. En una oportunidad que anduvo por los pagos de Areco, le presentaron a un arriero, que decían, era famoso. Se trataba de un tal Segundo. A él le resultó un viejo plomo y grandilocuente. Se ve que el hombre no estaba en un buen día.

Enterados, que Stekelman, tenía bastantes caballos a la venta, se llegaron hasta el campo donde los guardaba. Estos estaban en el tambo de Morón, en la zona de los bajos, cerca del ombú. Después de haber inspeccionado a los animales y cerrado el trato, fueron hasta un boliche cercano. Éste, era una especie de pulpería, una de las últimas que quedaban en la zona.
Contentos por haber realizado un buen negocio, festejaron largo rato. Al salir, sintiendo ya los efectos de unas cuantas limetas, se tropezó con un hombre que entraba. Era un tipo bastante alto, flaco, vestido de negro, de bigote achinado y mirada torva. Él, medio caliente, lo enfrentó en actitud desafiante. El otro, simplemente lo apartó de un manotazo, sin darle la menor importancia. El acompañante del flaco, a la pasada, le dijo ¡Quedate tranquilo pibe, no te metas en líos al pedo! Esto lo puso como loco. Se le fue al humo, increpándolo de viva vos y haciendo ademán de sacar el facón de la cintura. Ante esta actitud, el hombre se paro y sacando de debajo del sacó, un revólver que tenía un caño como de sesenta centímetros, se lo apoyo en la frente, y sin una palabra apretó el gatillo.
El hombre de negro era Bairoleto.




_________________2005.





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¡¡¡2010!!!
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¡¡¡Parece mentira
todavía sigo por acá!!!