Felices fiestas para todos
(menos para los traidores,
los vende patria,
los torturadores,
los genocidas,
los agrogarcas,
los innombrables
y algunos mas)
TRAVESTI
.
Travesti, según algunos diccionarios, es aquel que se disfraza o enmascara.
Sin embargo usamos este vocablo para referirnos solamente a personas que, con distintas argucias, pretenden hacernos creer que poseen un sexo distinto al real. Tales argucias van desde rellenos quirúrgicos varios, a postizos de diferentes tipos y formas.
Generalmente pensamos en hombres que intentan parecerse a mujeres.
Aparentemente, la gran mayoría de estas personas se dedica a la prostitución.
No ocurría lo mismo con el pobre señor Adolfo Fernández Inchauspe, que pese a intentarlo de todas las formas posibles, nunca logró que alguien, hombre o mujer, pagara por sus servicios sexuales.
Es probable que su fracaso se debiera a una mezcla de factores. Creemos que los determinantes fueran su asombrosa fealdad y la poca habilidad para travestirse. Debo aclarar que en su partida de nacimiento figuraba como Dorotea Nilda Fernández Inchauspe.
Lo que no tuvo en cuenta, es que generalmente, un señor que recurre a una señorita-señor, lo hace porque la apariencia, más o menos femenina del requerido, lo libera en alguna manera, del sentimiento de culpa que sentiría, si se confesara que no le disgustan los muchachitos. No debemos dejar tampoco de hacer mención al hecho de tener estas señoritas, un valor agregado que, evidentemente las hace muy atractivas.
Mal podía entonces Dorotea, ganarse la vida, convirtiéndose en hombre ya que la demanda para ese tipo de travestismo es muy limitada.
Se afeitaba tres o cuatro veces por semana para ver si le crecían la barba y el bigote. Recurrió a todo tipo de ungüento y pomadas caseras, algunas bastante repugnantes por cierto, pero logró sólo una triste pelusa que más que varonil, le dio aspecto de adolescente desprolijo.
Para peor cuanto más se empeñaba en ocultar sus enormes y colgantes tetas, estas, más parecían crecerle.
En general su apariencia, terminó siendo, a más de desagradable, absolutamente andrógina, o sea ni chicha ni limonada.
Consiguió que se interesaran, solamente, un par de señoras, que no querían confesarse sus tendencias. Lamentablemente, en todos los casos, se negaron a pagarle ya que él se negaba a ser considerado mujer, por esas cochinas lesbianas.
Para demostrárselo, a una de ellas le encajó una flor de piña.
Por supuesto intervino la policía, el fiscal, el juez y algunos más, lo que le valió un mes de detención.
Como el juró que era hombre, lo cumplió en Caseros. En el pabellón fue muy bien recibido por los demás presos, los que lo introdujeron en la dura vida de la cárcel, de tal forma, que le costó varios meses poder volver a sentarse.
Después de esta dura experiencia se confesó, no sin tristeza, la necesidad de encontrar otro tipo de trabajo para poder subsistir.
Luego de intentarlo en diferentes oficios, más o menos masculinos, consiguió por fin un conchabo de camionero.
A esto lo ayudo su notable parecido con Moyano, lo que hizo que lo tomaran sin muchas preguntas, creyéndolo familiar directo del sindicalista.
Tuvo así un tiempo de aparente felicidad ya que era tratado y hasta puteado como hombre.
Sin embargo era mirado como a un bicho raro por sus compañeros de oficio, que se guardaban de hacer comentarios por el antedicho parecido.
Por supuesto que se le presentaron infinidad de problemas para poder ocultar su verdadera identidad, pero logró sortearlos, con femenina astucia.
Todo transcurría bien hasta el día en que, por pura casualidad, al ir a estacionar su camión frente a una parrilla de la ruta, casi choca a otro que pretendía hacer lo mismo en sentido contrario. Era un equipo enorme con patente brasileña, Más enorme aún, le pareció el negro que bajó de la alta cabina. Se quedó atontada ante tremenda bestia y con bastante miedo ante la posible reacción del fiero bicho, pero éste pasó a su lado diciendo ¡ Teña mais cudado, boludo! y entró al boliche.
Buscó un lugar justo frente a él y se sentó a comer, no podía dejar de mirarlo.
Una extraña sensación la embargaba. Se había enamorado perdidamente de ese tipo. No sabía qué pensar ni qué actitud adoptar frente este nuevo sentimiento. Un serio interrogante se le presentaba, no sabiendo ya como considerarse a sí mismo. ¿Era acaso un hombre homosexual o simplemente una mujer caliente?
Trató por todos los medios de congraciarse con el grandote. Pidió disculpas por su torpeza al estacionar, convido con cerveza y hasta intento pagar la cuenta del almuerzo.
El negro miraba con cierto recelo, mientras pensaba ¿Será que voy a tener que cojerme a este puto?.
Por supuesto, terminaron en la cómoda cucheta del enorme camión, donde al ritmo de música brasileña, franelearon como locos.
El grandote se comportó con una gran delicadeza, hasta sacó una botella y preparó una caipiroshca para convidarla, se excusó por que la cashasa se le había acabado. Todo fue perfecto, hasta que llegó el inevitable momento de sacarse la ropa. Cuando la vio desnuda, el negro, se puso blanco y dando un grito de bronca, la sacó afuera a patadas, le tiró la ropa por la ventanilla y furioso arrancó el camión.
Mientras se iba, entre puteadas se lo escucho decir ¡Puta que parió, eu quiria coger homen, no a gorda puta!.
Ese fue el triste fin de su carrera de chofer. Todos vieron a ese extraño ser parado en bolas en medio de la banquina y se rieron de ella con verdadera saña de rudos camioneros. En poco tiempo la noticia se desparramó y Moyanito, tal el apodo que le habían puesto, se convirtió en el hazmerreír de todo el gremio.
Desesperada y abatida por este nuevo fracaso, se refugió en su casa, donde al menos encontró el consuelo que le brindo su hermano. Éste, en definitiva era la única persona que realmente la comprendía. Se llamaba Oscar pero en Palermo era más conocida como la colorada Gisela.
Varios días de conversaciones con él, que conocía a fondo el oficio, terminaron por convencerla, tenía que dejarse de macanas y ser mujer nuevamente.
A su edad y con esa facha no le sería fácil conseguir nuevo trabajo
Pese a todo, la casualidad vino nuevamente en su ayuda.
Le ofrecieron un puesto atendiendo la ventanilla de reclamos de no sé qué repartición municipal. En ella, feliz, pasaba cómodamente sus días poniendo cara de culo a cuanta persona se arrimaba y cumpliendo así a la perfección la tarea encomendada.
Años pasó en este puesto y hasta tal vez hubiera llegado a jubilarse, pero un buen día, sin haber conseguido que una persona lo hiciera, la cirrosis la tumbó.
___________________2005
Travesti, según algunos diccionarios, es aquel que se disfraza o enmascara.
Sin embargo usamos este vocablo para referirnos solamente a personas que, con distintas argucias, pretenden hacernos creer que poseen un sexo distinto al real. Tales argucias van desde rellenos quirúrgicos varios, a postizos de diferentes tipos y formas.
Generalmente pensamos en hombres que intentan parecerse a mujeres.
Aparentemente, la gran mayoría de estas personas se dedica a la prostitución.
No ocurría lo mismo con el pobre señor Adolfo Fernández Inchauspe, que pese a intentarlo de todas las formas posibles, nunca logró que alguien, hombre o mujer, pagara por sus servicios sexuales.
Es probable que su fracaso se debiera a una mezcla de factores. Creemos que los determinantes fueran su asombrosa fealdad y la poca habilidad para travestirse. Debo aclarar que en su partida de nacimiento figuraba como Dorotea Nilda Fernández Inchauspe.
Lo que no tuvo en cuenta, es que generalmente, un señor que recurre a una señorita-señor, lo hace porque la apariencia, más o menos femenina del requerido, lo libera en alguna manera, del sentimiento de culpa que sentiría, si se confesara que no le disgustan los muchachitos. No debemos dejar tampoco de hacer mención al hecho de tener estas señoritas, un valor agregado que, evidentemente las hace muy atractivas.
Mal podía entonces Dorotea, ganarse la vida, convirtiéndose en hombre ya que la demanda para ese tipo de travestismo es muy limitada.
Se afeitaba tres o cuatro veces por semana para ver si le crecían la barba y el bigote. Recurrió a todo tipo de ungüento y pomadas caseras, algunas bastante repugnantes por cierto, pero logró sólo una triste pelusa que más que varonil, le dio aspecto de adolescente desprolijo.
Para peor cuanto más se empeñaba en ocultar sus enormes y colgantes tetas, estas, más parecían crecerle.
En general su apariencia, terminó siendo, a más de desagradable, absolutamente andrógina, o sea ni chicha ni limonada.
Consiguió que se interesaran, solamente, un par de señoras, que no querían confesarse sus tendencias. Lamentablemente, en todos los casos, se negaron a pagarle ya que él se negaba a ser considerado mujer, por esas cochinas lesbianas.
Para demostrárselo, a una de ellas le encajó una flor de piña.
Por supuesto intervino la policía, el fiscal, el juez y algunos más, lo que le valió un mes de detención.
Como el juró que era hombre, lo cumplió en Caseros. En el pabellón fue muy bien recibido por los demás presos, los que lo introdujeron en la dura vida de la cárcel, de tal forma, que le costó varios meses poder volver a sentarse.
Después de esta dura experiencia se confesó, no sin tristeza, la necesidad de encontrar otro tipo de trabajo para poder subsistir.
Luego de intentarlo en diferentes oficios, más o menos masculinos, consiguió por fin un conchabo de camionero.
A esto lo ayudo su notable parecido con Moyano, lo que hizo que lo tomaran sin muchas preguntas, creyéndolo familiar directo del sindicalista.
Tuvo así un tiempo de aparente felicidad ya que era tratado y hasta puteado como hombre.
Sin embargo era mirado como a un bicho raro por sus compañeros de oficio, que se guardaban de hacer comentarios por el antedicho parecido.
Por supuesto que se le presentaron infinidad de problemas para poder ocultar su verdadera identidad, pero logró sortearlos, con femenina astucia.
Todo transcurría bien hasta el día en que, por pura casualidad, al ir a estacionar su camión frente a una parrilla de la ruta, casi choca a otro que pretendía hacer lo mismo en sentido contrario. Era un equipo enorme con patente brasileña, Más enorme aún, le pareció el negro que bajó de la alta cabina. Se quedó atontada ante tremenda bestia y con bastante miedo ante la posible reacción del fiero bicho, pero éste pasó a su lado diciendo ¡ Teña mais cudado, boludo! y entró al boliche.
Buscó un lugar justo frente a él y se sentó a comer, no podía dejar de mirarlo.
Una extraña sensación la embargaba. Se había enamorado perdidamente de ese tipo. No sabía qué pensar ni qué actitud adoptar frente este nuevo sentimiento. Un serio interrogante se le presentaba, no sabiendo ya como considerarse a sí mismo. ¿Era acaso un hombre homosexual o simplemente una mujer caliente?
Trató por todos los medios de congraciarse con el grandote. Pidió disculpas por su torpeza al estacionar, convido con cerveza y hasta intento pagar la cuenta del almuerzo.
El negro miraba con cierto recelo, mientras pensaba ¿Será que voy a tener que cojerme a este puto?.
Por supuesto, terminaron en la cómoda cucheta del enorme camión, donde al ritmo de música brasileña, franelearon como locos.
El grandote se comportó con una gran delicadeza, hasta sacó una botella y preparó una caipiroshca para convidarla, se excusó por que la cashasa se le había acabado. Todo fue perfecto, hasta que llegó el inevitable momento de sacarse la ropa. Cuando la vio desnuda, el negro, se puso blanco y dando un grito de bronca, la sacó afuera a patadas, le tiró la ropa por la ventanilla y furioso arrancó el camión.
Mientras se iba, entre puteadas se lo escucho decir ¡Puta que parió, eu quiria coger homen, no a gorda puta!.
Ese fue el triste fin de su carrera de chofer. Todos vieron a ese extraño ser parado en bolas en medio de la banquina y se rieron de ella con verdadera saña de rudos camioneros. En poco tiempo la noticia se desparramó y Moyanito, tal el apodo que le habían puesto, se convirtió en el hazmerreír de todo el gremio.
Desesperada y abatida por este nuevo fracaso, se refugió en su casa, donde al menos encontró el consuelo que le brindo su hermano. Éste, en definitiva era la única persona que realmente la comprendía. Se llamaba Oscar pero en Palermo era más conocida como la colorada Gisela.
Varios días de conversaciones con él, que conocía a fondo el oficio, terminaron por convencerla, tenía que dejarse de macanas y ser mujer nuevamente.
A su edad y con esa facha no le sería fácil conseguir nuevo trabajo
Pese a todo, la casualidad vino nuevamente en su ayuda.
Le ofrecieron un puesto atendiendo la ventanilla de reclamos de no sé qué repartición municipal. En ella, feliz, pasaba cómodamente sus días poniendo cara de culo a cuanta persona se arrimaba y cumpliendo así a la perfección la tarea encomendada.
Años pasó en este puesto y hasta tal vez hubiera llegado a jubilarse, pero un buen día, sin haber conseguido que una persona lo hiciera, la cirrosis la tumbó.
___________________2005
LOS DUEÑOS DEL HAMBRE
.
Ellos están allí, fumando un puro,
fermentando sus lentas digestiones,
rozándose las calvas en los muslos
de alguna amante cara.
Ellos están allí, no saben nada
Menean la cabeza, se lamentan,
cotizan los trigales.
Son obesos riñones alfombrados.
Acusan un perfil feliz sin sangre,
regatean la luz,se dan la mano,
empujan el destino con bolsillos,
racionan el esperma semanal,
no se derrochan.
Van con el pan de los otros descontado,
con la risa llenando portafolios,
con robados veranos asaltados.
Se llaman chebrolet y billetera,
Abono en el Colon, estancias, haras.
…………………………….
………………………………
(Fragmento)
Nira Etchenique
1956
Ellos están allí, fumando un puro,
fermentando sus lentas digestiones,
rozándose las calvas en los muslos
de alguna amante cara.
Ellos están allí, no saben nada
Menean la cabeza, se lamentan,
cotizan los trigales.
Son obesos riñones alfombrados.
Acusan un perfil feliz sin sangre,
regatean la luz,se dan la mano,
empujan el destino con bolsillos,
racionan el esperma semanal,
no se derrochan.
Van con el pan de los otros descontado,
con la risa llenando portafolios,
con robados veranos asaltados.
Se llaman chebrolet y billetera,
Abono en el Colon, estancias, haras.
…………………………….
………………………………
(Fragmento)
Nira Etchenique
1956
Opus 4
.
Llegó y se sentó.
Después de todo ese sillón no era incómodo, el resto de la habitación estaba un poco demasiado limpia y ordenada para su gusto.
Los otros, al principio, lo miraron con cara de asombro, pero, pasado el primer momento de sorpresa, parecieron acostumbrarse a su presencia. Sin embargo, el viejo, gordo, mas bien bajo, dejó de leer el diario y se miraba detenidamente la punta del zapato. La mujer, flaca, reseca, de edad indefinida, terminó la vuelta que estaba tejiendo, metió todo en una canasta y se sentó frente a él mirándole fijamente la corbata.
Esto lo puso nervioso. Se dijo que no tenía ningún derecho a mirarle a uno de esa forma la corbata, menos aun cuando esta estaba deshilachada y sucia de grasa y para peor, cuando uno lo sabía y hubiera deseado tener una de esas hermosas corbatas con dibujos de mujeres desnudas que dicen que usan los norteamericanos. Pensó que cuando tuviera tiempo, le escribiría con tinta china un cartelito que dijera “Disimule, es la única que tengo y no puedo romper con las costumbres, debo usarla.”
Claro, era un poco largo y tal vez le produjera algunas molestias. Seguramente, en la calle más de una vez tendría que parar para que alguna señora un poco miope terminara de leerlo.
En fin, ya vería como arreglar eso, En general el texto le pareció correcto y lo suficientemente explícito como para no tener que dar otras explicaciones.
Por otra parte, con un poco de imaginación, podría hacer que quedara una cosa muy bonita. Esa mancha tan redondita por ejemplo, que se hizo cuando comió el chorizo, con unos pétalos bien dibujaditos y un tallo con hojitas, quedaría convertida en una hermosa florcita. Luego vería qué otros motivos agregar, que a su vez, entrelazados con las palabras, escritas con letras góticas, llegarían a hacer un conjunto muy presentable.
Estos pensamientos lo reconfortaron.
Miró a la mujer con cara desafiante, pensó sacarle la lengua, pero se contuvo. Después de todo no los conozco, él debe ser un meridional jodido y ella una menopáusica neurótica,
El perro se fue acercando despacito, lo olió y se puso a lamerle los zapatos. Él, como siempre que un perro le lamía los zapatos, le pateó el hocico. El perro, que como a todos los perros del mundo menos a uno, no le gustaba para nada que le patearan el hocico, le pegó un feroz mordisco en la rodilla.
¡Perro sarnoso! Gritó ¡Era el único lugar del cuerpo donde no me habían mordido nunca!
La mujer pegó un brinco y con un alarido de terror salió corriendo.
El perro con cara de satisfacción, lo miraba desde atrás del televisor.
Él se quedó avergonzado viendo cómo se manchaba de sangre la alfombra.
El viejo le levantó la pierna y con un pañuelo trató de limpiar el tapiz, dobló el diario en cuatro y se lo puso debajo del pie para que no siguiera manchando.
La mujer apareció con un gran botiquín a la rastra y se dedicó, pese a las protestas del interesado, a desinfectarle la boca al perro.
El viejo se sentó ahora frene a él.
.- ¡Y bien! - dijo
- Señor Strossen...- comenzó él-
- ¡No me llamo Strossen!
- Me lo temía.
. ¡Mándese a mudar de acá inmediatamente!
- Un momento- argumentó- no creo que esta sea la forma más correcta de tratar a un desconocido.
- Tiene razón- dijo el viejo- quédese a cenar o a desayunar con nosotros, así no podrá andar diciendo por ahí, que en casa del Señor Strossen lo atendieron mal.
.- Perdón- dijo él, y rengueando, se fue.
________________________1963
Llegó y se sentó.
Después de todo ese sillón no era incómodo, el resto de la habitación estaba un poco demasiado limpia y ordenada para su gusto.
Los otros, al principio, lo miraron con cara de asombro, pero, pasado el primer momento de sorpresa, parecieron acostumbrarse a su presencia. Sin embargo, el viejo, gordo, mas bien bajo, dejó de leer el diario y se miraba detenidamente la punta del zapato. La mujer, flaca, reseca, de edad indefinida, terminó la vuelta que estaba tejiendo, metió todo en una canasta y se sentó frente a él mirándole fijamente la corbata.
Esto lo puso nervioso. Se dijo que no tenía ningún derecho a mirarle a uno de esa forma la corbata, menos aun cuando esta estaba deshilachada y sucia de grasa y para peor, cuando uno lo sabía y hubiera deseado tener una de esas hermosas corbatas con dibujos de mujeres desnudas que dicen que usan los norteamericanos. Pensó que cuando tuviera tiempo, le escribiría con tinta china un cartelito que dijera “Disimule, es la única que tengo y no puedo romper con las costumbres, debo usarla.”
Claro, era un poco largo y tal vez le produjera algunas molestias. Seguramente, en la calle más de una vez tendría que parar para que alguna señora un poco miope terminara de leerlo.
En fin, ya vería como arreglar eso, En general el texto le pareció correcto y lo suficientemente explícito como para no tener que dar otras explicaciones.
Por otra parte, con un poco de imaginación, podría hacer que quedara una cosa muy bonita. Esa mancha tan redondita por ejemplo, que se hizo cuando comió el chorizo, con unos pétalos bien dibujaditos y un tallo con hojitas, quedaría convertida en una hermosa florcita. Luego vería qué otros motivos agregar, que a su vez, entrelazados con las palabras, escritas con letras góticas, llegarían a hacer un conjunto muy presentable.
Estos pensamientos lo reconfortaron.
Miró a la mujer con cara desafiante, pensó sacarle la lengua, pero se contuvo. Después de todo no los conozco, él debe ser un meridional jodido y ella una menopáusica neurótica,
El perro se fue acercando despacito, lo olió y se puso a lamerle los zapatos. Él, como siempre que un perro le lamía los zapatos, le pateó el hocico. El perro, que como a todos los perros del mundo menos a uno, no le gustaba para nada que le patearan el hocico, le pegó un feroz mordisco en la rodilla.
¡Perro sarnoso! Gritó ¡Era el único lugar del cuerpo donde no me habían mordido nunca!
La mujer pegó un brinco y con un alarido de terror salió corriendo.
El perro con cara de satisfacción, lo miraba desde atrás del televisor.
Él se quedó avergonzado viendo cómo se manchaba de sangre la alfombra.
El viejo le levantó la pierna y con un pañuelo trató de limpiar el tapiz, dobló el diario en cuatro y se lo puso debajo del pie para que no siguiera manchando.
La mujer apareció con un gran botiquín a la rastra y se dedicó, pese a las protestas del interesado, a desinfectarle la boca al perro.
El viejo se sentó ahora frene a él.
.- ¡Y bien! - dijo
- Señor Strossen...- comenzó él-
- ¡No me llamo Strossen!
- Me lo temía.
. ¡Mándese a mudar de acá inmediatamente!
- Un momento- argumentó- no creo que esta sea la forma más correcta de tratar a un desconocido.
- Tiene razón- dijo el viejo- quédese a cenar o a desayunar con nosotros, así no podrá andar diciendo por ahí, que en casa del Señor Strossen lo atendieron mal.
.- Perdón- dijo él, y rengueando, se fue.
________________________1963
Suramérica
.
Nadie la para ya, no pueden detenerla,
ni la calumnia, ni el boicot, ni nada.
Ni el odio temeroso, porque sabe
que la tierra jamás fue derrotada.
La aventura de América morena,
a los aventureros se los traga;
los sube por la sombra despacito,
y el ojo codicioso les socava.
Vendrán los desahuciados de la tierra,
buscando sus riquezas legendarias,
hasta que un día, en una sola greda
se confundan las lenguas y las razas.
América, animal de leche verde,
por la gran cordillera vertebrada,
hunde el hocico austral bajo el polo,
y reposa en su fuerza proletaria.
Camina hacia la luz, lenta y segura,
con el polen del sol en las entrañas,
y su destino torrencial, fijado
está en el tiempo por la vía láctea.
El Hambre, La Injusticia, La Violencia,
La Voluntad del Pueblo, traicionada,
no harán sino aumentar su rebeldía,
el hijo de la luz que viene a unirnos
en una sola espiga esperanzada,
por que América, “tierra del futuro”,
igual que la mujer, vence de echada.
Jaime Dávalos
Nadie la para ya, no pueden detenerla,
ni la calumnia, ni el boicot, ni nada.
Ni el odio temeroso, porque sabe
que la tierra jamás fue derrotada.
La aventura de América morena,
a los aventureros se los traga;
los sube por la sombra despacito,
y el ojo codicioso les socava.
Vendrán los desahuciados de la tierra,
buscando sus riquezas legendarias,
hasta que un día, en una sola greda
se confundan las lenguas y las razas.
América, animal de leche verde,
por la gran cordillera vertebrada,
hunde el hocico austral bajo el polo,
y reposa en su fuerza proletaria.
Camina hacia la luz, lenta y segura,
con el polen del sol en las entrañas,
y su destino torrencial, fijado
está en el tiempo por la vía láctea.
El Hambre, La Injusticia, La Violencia,
La Voluntad del Pueblo, traicionada,
no harán sino aumentar su rebeldía,
el hijo de la luz que viene a unirnos
en una sola espiga esperanzada,
por que América, “tierra del futuro”,
igual que la mujer, vence de echada.
Jaime Dávalos
Años atrás Alberto Balaguer Mendoza se preguntaba:
“Aparentemente, los habitantes de Norteamérica, llevan consigo una desgracia de la que nadie podrá liberarlos. Sean blancos, negros, o del color que sean, cultos o incultos, inteligentes o brutos, siempre seguirán siendo norteamericanos, ¿Deberíamos por ello tenerles pena?”
Pensar que no conoció a Obama.
Pensar que no conoció a Obama.
Detallada relación de cómo y porqué, me convertí en el hombre más rico del mundo
4ª parte
De paso por Buenos Aires, mientras hacía conocer un poco la ciudad a mi primo, me despedí de mis compañeros de trabajo, renuncié al mismo y tuve una larga charla con mis ex patrones. Se me había ocurrido, la posibilidad de hacer, algunos negocios juntos. Pensé, por ejemplo, que podría proveerles de autos usados, con no más de tres años de antigüedad, reacondicionados a nuevo, en nuestro taller de Sicilia.
Quedamos en charlar un poco más adelante, de este y otros temas. Para mí, lo más interesante, fue que con la charla, me avivé, de un montón de cosas que no se me habían ocurrido antes, o que ignoraba. De a poco me convertía en un perfecto hombre de empresa.
En Calingasta, nos esperaba una recepción impensada. Éramos algo así como una especie de héroes nacionales.
Además de mis familiares, estaban todos los vecinos, amigos, curiosos y sobre todo detecté a mangueros de todo tipo.
Mis padres y hermanos, recibieron a Pascual, como a un hijo más.
La alegría era general, mis hermanos hacía tiempo que no se reunían.
El mayor, Pedro, era abogado, tenía su estudio en la ciudad de San Juan. La que lo seguía en edad, mi hermana Clara, había enviudado y vivía, con sus dos hijos en la finca paterna. La otra, Ofelia, casada, con cinco hijos, tenía con su marido, una chacra en San Rafael. Por último, Enrique, se había hecho cargo de la finca y además, trabajaba en la Cooperativa.
Al día siguiente, y ya en estricta reunión familiar, les expliqué mis intenciones de radicarme en Italia. Conté, que nuestros parientes en Sicilia, me habían ofrecido un puesto, en una de sus tantas empresas.
El sueldo en Euros, me permitiría, no sólo ahorrar, sino que podría hacer algunas inversiones en nuestra finca y a la vez, trabajar, en conjunto con ellos, tanto en viñedos, como en olivares, en Argentina.
A Pedro, le pedí que fuera viendo, qué debíamos hacer, para convertirnos en una sociedad anónima. A todos les recomendé una total discreción, sobre estos temas, pero que a la vez, fueran estudiando todas las posibles formas de expansión.
Pocos días después y con gran pena, tuvimos que emprender el regreso. Pascual, era el que más sufría. Se había enganchado, seriamente, con una niña del lugar y prometió volver a verla a la brevedad más breve.
A mis viejos y hermanos, les dejé de regalo, las últimas monedas y piedras, que me quedaban y pese a que no eran muchas, provocaron el general asombro.
.-¿En qué andá vo nene? Preguntó mi madre. La tranquilizamos, lo mejor que pudimos y entre abrazos, besos y lágrimas, nos despedimos.
Ya en Roma, me dediqué a comprar unos cuantos objetos que me serían necesarios. Cargando cantidad de paquetes y cajas, partimos directamente para Cerdeña. En un par de días, terminamos con el papeleo de la compra del barco. Cargamos todo lo comprado, más una importante cantidad de cajones para pescados, lo amarinamos y muy de madrugada zarpamos. Recién entonces le mostré a Pascual, en la carta, el punto a donde nos dirigíamos y le marqué el rumbo, Por supuesto, estaba sumamente asombrado, tanto con mis extrañas compras, como con el sitio marcado, pero no hizo preguntas.
Anclamos lo más cercano a la costa, que nos permitió nuestro calado y en el gomone, llevamos la carga hasta la playa.
Viendo que no había, ni barcos en el mar, ni gente en el islote, llevamos todo hasta la entrada de la cueva.
Cuando retiré el mármol, tuve que sostener a mi primo, que casi se cae de culo al ver el túnel. Una vez adentro, le fui contando como había descubierto el lugar. Mientras tanto, colocaba clavos, de los que se usan para escalar, y cada tantos metros, colgaba de ellos, pequeños faroles a gas, de esos que trabajan con garrafitas descartables, de las que había llevado gran cantidad.
En la zona de los escalones, fijé una cuerda, a modo de pasamanos, y un juego de poleas, para levantar las cargas. La cara que puso y el tremendo impacto que le produjo ver el cartel que decía SPADA, no fue nada comparado con la expresión posterior, al ver el contenido de las tres cavernas. Me costó hacerlo reaccionar.
Trabajamos el resto del día, la noche, el día siguiente y la otra noche como mulas y sin embargo, no alcanzamos a sacar ni la cuarta parte del tesoro.
Había comprado cuatro valijas grandes, de esas que parecen changuitos, como los que usan las señoras para hacer las compras. Tenían fuertes ruedas y nos aliviaron en gran medida, el transporte de la preciada carga. Sobre todo en los lugares que debíamos transitar en cuatro patas.
Mientras uno acomodaba lo extraído en los cajones de pescado, el otro, entraba por más. Cuando teníamos tres o cuatro llenos, debíamos subirlos a bordo y estibarlos en la sentina. No queríamos que nada llamara la atención, ante el eventual paso de una embarcación por las cercanías. Cada tanto, dormíamos un par de horas, comíamos algo y seguíamos con la agotadora tarea.
Viendo que no era conveniente, seguir allí fondeados tanto tiempo, resolvimos partir. Las valijas estaban ya en muy mal estado, la comida se nos acababa y teníamos a bordo, una importantísima cantidad de riquezas. Cerramos nuevamente, borramos lo mejor posible nuestras huellas y cazamos unas cuantas gaviotas, como para mantener mi historia inicial.
Llegamos a Cagliari, bien entrada la noche. Dejamos el barco bien cerrado y nos fuimos a dormir. A la mañana cargamos combustible y comida. Aprovechando el muy buen tiempo, nos largamos a toda maquina, rumbo a Trapani.
Otros cinco viajes, nos llevaría, sacar el resto, y dejar la cueva vacía.
Para que nadie metiera las narices en la misma, una vez que conseguimos dejarla limpia, pegamos con cemento el mármol que cubría la entrada.
En el ínterin, habíamos conseguido formar un excelente directorio. Domenica, la hermana de Pascuale, que había estudiado algo así como administración de empresas, resultó ser una luz para los números y las finanzas. Pese a la resistencia de algunos hombres de la familia, terminó siendo nuestro ministro de economía. El cargo de asesor legal, se lo dimos a Tomaso, que no obstante ser muy joven, era un excelente abogado. Trabajaría de común acuerdo, con mi hermano Pedro, que se haría cargo de los negocios en Argentina. No podía faltar el tío Chicho en este directorio, sería algo así como el jefe de logística y de seguridad.
Mi hermano Enrique, que había hecho, en San Juan, un curso de enología, vino a especializarse en la Universidad de Palermo. La idea era que pudiera estar al frente, de la futura bodega y de los viñedos que queríamos comprar en la provincia. Cuando regresara a casa, mandaría, al mayor de mis sobrinos, para que estudiara todo lo concerniente a la olivicultura.
En esta forma, iríamos integrando, a la familia americana con la italiana.
Mientras tanto, los tanos, enterados de las bellezas de Calingasta y del país en general, hacían cola para poder viajar a visitar a mis padres.
Por último, para dejar contentos a todos, nombramos como asesores en política y relaciones públicas, a los dos integrantes mas viejos de la familia.
Siguieron meses de intenso trabajo. Entre otras cosa debía hacer rápidos viajes, a las más importantes ciudades y capitales europeas. Tenía que vender parte de mi oro, en diferentes lugares y en pequeñas cantidades,
de forma de no llamar la atención. En Suiza, y en otros varios países, deje en cajas de seguridad, el resto.
En un corto tiempo, nuestros negocios habían crecido en forma acelerada
Se hacía evidente aquello de que la plata trae a la plata. La facturación crecía en forma impresionante. Previendo que si la cosa seguía así, se nos complicaría el control de nuestras diferentes empresas, resolvimos comprar una propiedad en Palermo, donde instalamos la administración general. A cuanto lugar de la isla llegaba, era recibido por los funcionarios comunales, como si fuera el presidente de la república.
Pascuale, divertidísimo me cargaba llamándome “Vizconde de Pietra al Mare”. Por supuesto ninguno, de los que por casualidad lo escuchaban, entendía de dónde salía el tal título.
En Cerdeña, compramos una importante planta productora de sal, cercana a Cagliri. Además, algunas hectáreas de olivares y viñedos, así como buena parte de las acciones de una firma productora de plomo.
En general en las dos islas, la producción agrícola era bastante pobre. Los métodos de cultivo eran casi medievales. Pretendíamos modernizar la cosa.
En Sicilia, nuestras inversiones fueron múltiples. Llegamos a manejar casi el ochenta por ciento de los olivares, más una fábrica de aceite.
El sesenta o setenta por ciento, de los viñedos eran nuestros, así como la bodega más moderna. A nuestra pequeña flota pesquera, le sumamos, la más grande fábrica de conserva y enlatado de pescados.
Compramos un establecimiento productor de ácido cítrico, que estaba barranca abajo y lo pusimos a trabajar con todo.
Desde nuestro, ahora, gran taller y concesionaria de automóviles, exportábamos a América del Sur, gran cantidad de automotores de todo tipo. Teníamos importantes paquetes accionarios en varias industrias, sobre todo en cemento y petroquímicas.
Me di el gusto de poner una fábrica de maquinaria agrícola de alta tecnología. Estas máquinas, me apasionaban desde mis tiempos de mecánico rural. Por una vez, hicimos algo diferente, esta fabrica, figuraba como subsidiaria, de otra que había instalado en la provincia de Córdoba, de esta forma los royalties, se pagaban a la Argentina.
Otra de nuestras firmas, era propietaria, de dos de los transbordadores más grandes, que hacían el cruce del estrecho de Messina hasta Reggio, Calabria.
Todo esto, más otros emprendimientos de menor cuantía, nos garantizaban, que ninguna persona que tuviera algo que ver con la familia, estuviera sin trabajo.
En Argentina, compramos en San Juan, el edificio de una antigua bodega, lo restauramos a nuevo pero, conservando todo su primitivo aspecto, lo convertimos en un museo de la vitivinicultura provincial.
Se convirtió en un éxito turístico. Adyacente a ella, construimos una nueva bodega, con lo último en tecnología.
Dentro del rubro, compramos una gran cantidad de acciones, de una fabrica de alcohol, más una cantidad importante de viñedos, tanto en la provincia, como en Mendoza.
De la misma forma, adquirimos olivares en diferentes provincias. A estos le sumamos una planta productora de aceites, que podían competir con los mejores europeos.
En el rubro automotor, contábamos con tres concesionarias, más la fábrica en Córdoba de maquinaria agrícola.
Teníamos previstas, inversiones en empresas varias y ya estaba a punto de empezar a desarrollar sus actividades, nuestra propia compañía de seguros, con filial en Italia.
Si bien, seguía repartiendo mis sueldos nominales, la mitad de las acciones que adquiríamos, quedaban a mi nombre.
Con todo esto ya encaminado, quería dedicarme a gozar un poco de mi dinero. El tiempo pasaba y yo corría de un lado a otro, ocupándome de los problemas de todos y sin ocuparme realmente de mí mismo.
No se trataba de que la estuviera pasando mal ni nada por el estilo. Tenía una hermosa casa, en Trapani. En el sur de Argentina, una estancia junto al lago, con montañas y lago incluido.
Señoritas, de todo pelo y color, no me faltaban. Podía tener todo lo que se me ocurriera. Era hora de vivirla.
Hacía más o menos un mes, que habíamos hecho el último viaje a Pietra al Mare. Éste había sido bastante más largo que los anteriores. Aparte de retirar la última carga de valor, queríamos dejar todo limpio y que no quedara ningún rastro de nuestras actividades en el lugar.
Como siempre antes de irnos cazamos un buena cantidad de gaviotas, que eran nuestro habitual justificativo.
De regreso en mi casa, pasé una muy buena noche con Juliana. Cada tanto aparecía de visita.
Lamentablemente se me acaba el tiempo y no podré contarle más detalles. Perdóneme pero me canso mucho.
Pascuale, murió hace cuatro días.
Yo, parece que no llego al fin de semana.
Las putas gaviotas, venían con gripe aviar incluida.-
_____________________ 2006
De paso por Buenos Aires, mientras hacía conocer un poco la ciudad a mi primo, me despedí de mis compañeros de trabajo, renuncié al mismo y tuve una larga charla con mis ex patrones. Se me había ocurrido, la posibilidad de hacer, algunos negocios juntos. Pensé, por ejemplo, que podría proveerles de autos usados, con no más de tres años de antigüedad, reacondicionados a nuevo, en nuestro taller de Sicilia.
Quedamos en charlar un poco más adelante, de este y otros temas. Para mí, lo más interesante, fue que con la charla, me avivé, de un montón de cosas que no se me habían ocurrido antes, o que ignoraba. De a poco me convertía en un perfecto hombre de empresa.
En Calingasta, nos esperaba una recepción impensada. Éramos algo así como una especie de héroes nacionales.
Además de mis familiares, estaban todos los vecinos, amigos, curiosos y sobre todo detecté a mangueros de todo tipo.
Mis padres y hermanos, recibieron a Pascual, como a un hijo más.
La alegría era general, mis hermanos hacía tiempo que no se reunían.
El mayor, Pedro, era abogado, tenía su estudio en la ciudad de San Juan. La que lo seguía en edad, mi hermana Clara, había enviudado y vivía, con sus dos hijos en la finca paterna. La otra, Ofelia, casada, con cinco hijos, tenía con su marido, una chacra en San Rafael. Por último, Enrique, se había hecho cargo de la finca y además, trabajaba en la Cooperativa.
Al día siguiente, y ya en estricta reunión familiar, les expliqué mis intenciones de radicarme en Italia. Conté, que nuestros parientes en Sicilia, me habían ofrecido un puesto, en una de sus tantas empresas.
El sueldo en Euros, me permitiría, no sólo ahorrar, sino que podría hacer algunas inversiones en nuestra finca y a la vez, trabajar, en conjunto con ellos, tanto en viñedos, como en olivares, en Argentina.
A Pedro, le pedí que fuera viendo, qué debíamos hacer, para convertirnos en una sociedad anónima. A todos les recomendé una total discreción, sobre estos temas, pero que a la vez, fueran estudiando todas las posibles formas de expansión.
Pocos días después y con gran pena, tuvimos que emprender el regreso. Pascual, era el que más sufría. Se había enganchado, seriamente, con una niña del lugar y prometió volver a verla a la brevedad más breve.
A mis viejos y hermanos, les dejé de regalo, las últimas monedas y piedras, que me quedaban y pese a que no eran muchas, provocaron el general asombro.
.-¿En qué andá vo nene? Preguntó mi madre. La tranquilizamos, lo mejor que pudimos y entre abrazos, besos y lágrimas, nos despedimos.
Ya en Roma, me dediqué a comprar unos cuantos objetos que me serían necesarios. Cargando cantidad de paquetes y cajas, partimos directamente para Cerdeña. En un par de días, terminamos con el papeleo de la compra del barco. Cargamos todo lo comprado, más una importante cantidad de cajones para pescados, lo amarinamos y muy de madrugada zarpamos. Recién entonces le mostré a Pascual, en la carta, el punto a donde nos dirigíamos y le marqué el rumbo, Por supuesto, estaba sumamente asombrado, tanto con mis extrañas compras, como con el sitio marcado, pero no hizo preguntas.
Anclamos lo más cercano a la costa, que nos permitió nuestro calado y en el gomone, llevamos la carga hasta la playa.
Viendo que no había, ni barcos en el mar, ni gente en el islote, llevamos todo hasta la entrada de la cueva.
Cuando retiré el mármol, tuve que sostener a mi primo, que casi se cae de culo al ver el túnel. Una vez adentro, le fui contando como había descubierto el lugar. Mientras tanto, colocaba clavos, de los que se usan para escalar, y cada tantos metros, colgaba de ellos, pequeños faroles a gas, de esos que trabajan con garrafitas descartables, de las que había llevado gran cantidad.
En la zona de los escalones, fijé una cuerda, a modo de pasamanos, y un juego de poleas, para levantar las cargas. La cara que puso y el tremendo impacto que le produjo ver el cartel que decía SPADA, no fue nada comparado con la expresión posterior, al ver el contenido de las tres cavernas. Me costó hacerlo reaccionar.
Trabajamos el resto del día, la noche, el día siguiente y la otra noche como mulas y sin embargo, no alcanzamos a sacar ni la cuarta parte del tesoro.
Había comprado cuatro valijas grandes, de esas que parecen changuitos, como los que usan las señoras para hacer las compras. Tenían fuertes ruedas y nos aliviaron en gran medida, el transporte de la preciada carga. Sobre todo en los lugares que debíamos transitar en cuatro patas.
Mientras uno acomodaba lo extraído en los cajones de pescado, el otro, entraba por más. Cuando teníamos tres o cuatro llenos, debíamos subirlos a bordo y estibarlos en la sentina. No queríamos que nada llamara la atención, ante el eventual paso de una embarcación por las cercanías. Cada tanto, dormíamos un par de horas, comíamos algo y seguíamos con la agotadora tarea.
Viendo que no era conveniente, seguir allí fondeados tanto tiempo, resolvimos partir. Las valijas estaban ya en muy mal estado, la comida se nos acababa y teníamos a bordo, una importantísima cantidad de riquezas. Cerramos nuevamente, borramos lo mejor posible nuestras huellas y cazamos unas cuantas gaviotas, como para mantener mi historia inicial.
Llegamos a Cagliari, bien entrada la noche. Dejamos el barco bien cerrado y nos fuimos a dormir. A la mañana cargamos combustible y comida. Aprovechando el muy buen tiempo, nos largamos a toda maquina, rumbo a Trapani.
Otros cinco viajes, nos llevaría, sacar el resto, y dejar la cueva vacía.
Para que nadie metiera las narices en la misma, una vez que conseguimos dejarla limpia, pegamos con cemento el mármol que cubría la entrada.
En el ínterin, habíamos conseguido formar un excelente directorio. Domenica, la hermana de Pascuale, que había estudiado algo así como administración de empresas, resultó ser una luz para los números y las finanzas. Pese a la resistencia de algunos hombres de la familia, terminó siendo nuestro ministro de economía. El cargo de asesor legal, se lo dimos a Tomaso, que no obstante ser muy joven, era un excelente abogado. Trabajaría de común acuerdo, con mi hermano Pedro, que se haría cargo de los negocios en Argentina. No podía faltar el tío Chicho en este directorio, sería algo así como el jefe de logística y de seguridad.
Mi hermano Enrique, que había hecho, en San Juan, un curso de enología, vino a especializarse en la Universidad de Palermo. La idea era que pudiera estar al frente, de la futura bodega y de los viñedos que queríamos comprar en la provincia. Cuando regresara a casa, mandaría, al mayor de mis sobrinos, para que estudiara todo lo concerniente a la olivicultura.
En esta forma, iríamos integrando, a la familia americana con la italiana.
Mientras tanto, los tanos, enterados de las bellezas de Calingasta y del país en general, hacían cola para poder viajar a visitar a mis padres.
Por último, para dejar contentos a todos, nombramos como asesores en política y relaciones públicas, a los dos integrantes mas viejos de la familia.
Siguieron meses de intenso trabajo. Entre otras cosa debía hacer rápidos viajes, a las más importantes ciudades y capitales europeas. Tenía que vender parte de mi oro, en diferentes lugares y en pequeñas cantidades,
de forma de no llamar la atención. En Suiza, y en otros varios países, deje en cajas de seguridad, el resto.
En un corto tiempo, nuestros negocios habían crecido en forma acelerada
Se hacía evidente aquello de que la plata trae a la plata. La facturación crecía en forma impresionante. Previendo que si la cosa seguía así, se nos complicaría el control de nuestras diferentes empresas, resolvimos comprar una propiedad en Palermo, donde instalamos la administración general. A cuanto lugar de la isla llegaba, era recibido por los funcionarios comunales, como si fuera el presidente de la república.
Pascuale, divertidísimo me cargaba llamándome “Vizconde de Pietra al Mare”. Por supuesto ninguno, de los que por casualidad lo escuchaban, entendía de dónde salía el tal título.
En Cerdeña, compramos una importante planta productora de sal, cercana a Cagliri. Además, algunas hectáreas de olivares y viñedos, así como buena parte de las acciones de una firma productora de plomo.
En general en las dos islas, la producción agrícola era bastante pobre. Los métodos de cultivo eran casi medievales. Pretendíamos modernizar la cosa.
En Sicilia, nuestras inversiones fueron múltiples. Llegamos a manejar casi el ochenta por ciento de los olivares, más una fábrica de aceite.
El sesenta o setenta por ciento, de los viñedos eran nuestros, así como la bodega más moderna. A nuestra pequeña flota pesquera, le sumamos, la más grande fábrica de conserva y enlatado de pescados.
Compramos un establecimiento productor de ácido cítrico, que estaba barranca abajo y lo pusimos a trabajar con todo.
Desde nuestro, ahora, gran taller y concesionaria de automóviles, exportábamos a América del Sur, gran cantidad de automotores de todo tipo. Teníamos importantes paquetes accionarios en varias industrias, sobre todo en cemento y petroquímicas.
Me di el gusto de poner una fábrica de maquinaria agrícola de alta tecnología. Estas máquinas, me apasionaban desde mis tiempos de mecánico rural. Por una vez, hicimos algo diferente, esta fabrica, figuraba como subsidiaria, de otra que había instalado en la provincia de Córdoba, de esta forma los royalties, se pagaban a la Argentina.
Otra de nuestras firmas, era propietaria, de dos de los transbordadores más grandes, que hacían el cruce del estrecho de Messina hasta Reggio, Calabria.
Todo esto, más otros emprendimientos de menor cuantía, nos garantizaban, que ninguna persona que tuviera algo que ver con la familia, estuviera sin trabajo.
En Argentina, compramos en San Juan, el edificio de una antigua bodega, lo restauramos a nuevo pero, conservando todo su primitivo aspecto, lo convertimos en un museo de la vitivinicultura provincial.
Se convirtió en un éxito turístico. Adyacente a ella, construimos una nueva bodega, con lo último en tecnología.
Dentro del rubro, compramos una gran cantidad de acciones, de una fabrica de alcohol, más una cantidad importante de viñedos, tanto en la provincia, como en Mendoza.
De la misma forma, adquirimos olivares en diferentes provincias. A estos le sumamos una planta productora de aceites, que podían competir con los mejores europeos.
En el rubro automotor, contábamos con tres concesionarias, más la fábrica en Córdoba de maquinaria agrícola.
Teníamos previstas, inversiones en empresas varias y ya estaba a punto de empezar a desarrollar sus actividades, nuestra propia compañía de seguros, con filial en Italia.
Si bien, seguía repartiendo mis sueldos nominales, la mitad de las acciones que adquiríamos, quedaban a mi nombre.
Con todo esto ya encaminado, quería dedicarme a gozar un poco de mi dinero. El tiempo pasaba y yo corría de un lado a otro, ocupándome de los problemas de todos y sin ocuparme realmente de mí mismo.
No se trataba de que la estuviera pasando mal ni nada por el estilo. Tenía una hermosa casa, en Trapani. En el sur de Argentina, una estancia junto al lago, con montañas y lago incluido.
Señoritas, de todo pelo y color, no me faltaban. Podía tener todo lo que se me ocurriera. Era hora de vivirla.
Hacía más o menos un mes, que habíamos hecho el último viaje a Pietra al Mare. Éste había sido bastante más largo que los anteriores. Aparte de retirar la última carga de valor, queríamos dejar todo limpio y que no quedara ningún rastro de nuestras actividades en el lugar.
Como siempre antes de irnos cazamos un buena cantidad de gaviotas, que eran nuestro habitual justificativo.
De regreso en mi casa, pasé una muy buena noche con Juliana. Cada tanto aparecía de visita.
Lamentablemente se me acaba el tiempo y no podré contarle más detalles. Perdóneme pero me canso mucho.
Pascuale, murió hace cuatro días.
Yo, parece que no llego al fin de semana.
Las putas gaviotas, venían con gripe aviar incluida.-
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....
ANTIGUO LABRADOR
(fragmento)
……………………….
…………………………
Yo se, señor,
yo he visto la noche sobre el campo,
su condición de estrella, su silencio pesado
y digo que no es cierto que puedan alquilarla,
que le alambren el dorso, que le vendan la espalda,
porque la tierra entera pertenece a la noche,
que mueve la fatiga campesina del mundo,
la voluntad labriega como una enorme pala,
Pertenece al que sabe
celebrar la alegría de ver crecer las plantas,
al cómplice del sol, al sembrador callado
que pone la semilla como un semen dichoso
y espera, lentamente, el milagro del agua
Por que sin esta frente,
sin este rudo brazo,
sin el tiempo a destajo de gastarnos las manos,
quien dará testimonio de la vida en la tierra,
quien ha de prepararnos la primavera, el vino,
el fermento gredoso de donde viene el canto.
Por eso yo pregunto, señor: ¿cuándo es el día,
a que hora justamente, vamos a rescatarla,
que hombres vendrán conmigo,
que canción cantaremos
que flores sembraremos donde está la alambrada?
Digo que este mensaje debe saberlo América,
que no solo nosotros,
que cada uno lo sepa,
porque hay un continente de tierra sometida,
gordos concesionarios
carbón comprometido,
hay zonas donde el hambre tutea a la agonía
y esclavitud de estaño
y cobre de miseria,
hay trigo condenado a los precios siniestros,
petróleo al que amenazan su primavera negra,
naranjas exportadas con todo el sol a cuestas,
hay niños que no encuentran al hombre,
caen antes,
se van, sonrisa abajo, muerte abajo,
se pierden
entre lo destituido que cae y se disgrega.
Que no solo nosotros
que cada uno lo sepa
…………………………………….
…………………………………….
Armando Tejada Gómez
1957
……………………….
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Yo se, señor,
yo he visto la noche sobre el campo,
su condición de estrella, su silencio pesado
y digo que no es cierto que puedan alquilarla,
que le alambren el dorso, que le vendan la espalda,
porque la tierra entera pertenece a la noche,
que mueve la fatiga campesina del mundo,
la voluntad labriega como una enorme pala,
Pertenece al que sabe
celebrar la alegría de ver crecer las plantas,
al cómplice del sol, al sembrador callado
que pone la semilla como un semen dichoso
y espera, lentamente, el milagro del agua
Por que sin esta frente,
sin este rudo brazo,
sin el tiempo a destajo de gastarnos las manos,
quien dará testimonio de la vida en la tierra,
quien ha de prepararnos la primavera, el vino,
el fermento gredoso de donde viene el canto.
Por eso yo pregunto, señor: ¿cuándo es el día,
a que hora justamente, vamos a rescatarla,
que hombres vendrán conmigo,
que canción cantaremos
que flores sembraremos donde está la alambrada?
Digo que este mensaje debe saberlo América,
que no solo nosotros,
que cada uno lo sepa,
porque hay un continente de tierra sometida,
gordos concesionarios
carbón comprometido,
hay zonas donde el hambre tutea a la agonía
y esclavitud de estaño
y cobre de miseria,
hay trigo condenado a los precios siniestros,
petróleo al que amenazan su primavera negra,
naranjas exportadas con todo el sol a cuestas,
hay niños que no encuentran al hombre,
caen antes,
se van, sonrisa abajo, muerte abajo,
se pierden
entre lo destituido que cae y se disgrega.
Que no solo nosotros
que cada uno lo sepa
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Armando Tejada Gómez
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